jueves, 25 de noviembre de 2021

FLORACIÓN

De todas las ceremonias que ha dejado la historia de la humanidad, las dos más trascendentes no las inventó el hombre: la germinación y la floración.  Las impuso la vida. Y la humanidad toda sucumbe entre el asombro, la emoción y la expectativa. Luego se disparan todos los deseos imaginados, aún los imposibles.

Una flor no es una flor. Es un discurso interior que se inicia en la mirada, recorre el cuerpo de quien mira, se instala en la cabeza de quien observa y provoca estremecimientos de diferente intensidad. Algunos de alegrías, otros de intenciones y muchos otros de futuros posibles, con sus dudas y certezas incluidas.

Nadie queda ausente de la presencia de una flor. Nadie puede abstraerse. Nadie puede pasar de largo, seguir el camino negando su presencia. Pero no es la flor y sus formas diversas y coloridas provocadas por la materia, la naturaleza y la ebullición biológica. Todo sucede en el interior de quien la mira. Todo se agudiza por quien observa. Todo se convierte al fin, en una ceremonia sin boato de enorme impacto hacia el interior del que se expone sin miedo ante esa floración. 

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Imagen El Jinete imaginario

jueves, 11 de noviembre de 2021

PEQUEÑO BOSQUE INTERIOR.

Tengo un pequeño bosque interior que va del verde al ocre con escala en el amarillo intenso. Tiene raíces abigarradas en cuenco de cristal. Y unos filamentos abundantes, flexibles, de color dorado algunos y marrón oscuro otros. Son los troncos, el cuerpo firme de este bosque que se sostiene con gracia de danzarín. 

En algún momento que desconozco, unas semillas que llegaron sin identidad ni marca de origen, se instalaron en este mundo interior. La humedad en un tiesto escaso de tierra, dio lugar a las batallas silenciosas que caracterizan a todo momento germinal. 

Germinando debería ser la palabra que define a este bosque. En gerundio, para definir la acción constante de lanzar pequeños filamentos con un ovillo verde en el extremo. Poco a poco el ovillo desarma su enredo y se expande hacia arriba. Busca en forma desesperada, el sol que llega hasta la ventana. Luego todos se incorporan al pequeño bosque. 

Cada día ofrece novedades. Todo el tiempo hay algún detalle para destacar. Pero solo lo pueden ver aquellas almas curiosas, que tienen espacio para la observación, y están dispuestas a seguir el sutil ritmo de vida y crecimiento que muestran estas hojas unidas entre sí por peciolos casi transparentes. 

Dicen que su nombre es “Adiantum capillus-veneris”. Algo que suena como un exabrupto al que nos tienen acostumbrados los científicos botánicos cuando no se pueden escapar de sus tribulaciones normativas. 

Pero en este lugar, bajo la ventana, ésta especie de helecho pequeño, grácil, amable y generoso se llama “Pequeño Bosque Interior”. 

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Imagen El Jinete imaginario

martes, 9 de noviembre de 2021

LA SILENCIOSA BATALLA ENTRE EL INVIERNO Y LA PRIMAVERA

Las horas del invierno dan sus últimas batallas del año. Se resisten rabiosamente a dejar el escenario y pelean palmo a palmo cada centímetro del centro del día y la periferia de la noche. 

La primavera aún es tímida en los primeros momentos de su tiempo. El día de su nacimiento anual no se animó a la presentación. Y el invierno invadió las horas de la mañana y la noche del pasado 21 de septiembre. 

Esta primavera meridional ha sido tìmida en el combate. Y el invierno ha redoblado la apuesta al día siguiente, largando un aguacero de enjundia para mantener la temperatura bajo mínimos y el cielo gris plomizo como si su presencia estuviera asegurada hasta la eternidad.

Pero las flores no se han amilanado. Las plantas han puesto sus mejores brotes a disposición. Por la tarde del día 23 de septiembre, el sol ha puesto el combate donde debe estar. 

Las nubes y la llovizna se han marcado en retirada. Las flores han recuperado brillo y se han puesto en el centro de un cetro todavìa armado de ocres, amarillos y hojas secas. 

Mañana volverá a amanecer. Y es de esperar que la primavera pierda su rigidez y se lance por las horas de la mañana con velocidad suficiente para llegar con mayor alegría hacia la noche.

Solo es cuestión de esperar. Y confiar en la fuerza de las plantas y las flores. 

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sábado, 6 de noviembre de 2021

MARRONES, OCRES Y AMARILLOS

El verde se ha perdido en el fondo del camino que lleva al invierno más profundo. Algunos restos ralean a un costado de las líneas marrones, ocres y amarillas que dominan el instante. 


Encontrar un sendero que ofrezca una perspectiva de horizonte en la distancia, es hoy casi una quimera. Pero los ojos bien abiertos y la  voluntad cargada de trabajo, a veces amplían el paisaje que se extiende más allá de donde alcanzamos con la vista.

Ver, no es un atributo de la gente, no es una condición insoslayable. Es una actitud firme y sustantiva de aquellos dispuestos a encontrar pájaros donde hubo nidos.

Ver, en el sentido más agudo de la mirada, es construir nidos para que nazcan pájaros, a fabricar cielos para que haya nubes, a descubrir vientos para que haya vuelos.   

Porque al fin de cuentas, ver - en el sentido más profundo de la mirada -  es como volar sin alas, es descubrir el verde en el invierno más profundo.
 

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Imagen El Jinete imaginario

jueves, 4 de noviembre de 2021

COLORES DE INVIERNO

El invierno y sus rigores ponen su marca en estos días.

Una suave llovizna cubre de brillo el empedrado.
La noche marca el silencio y la soledad indica el carácter de las calles en esas horas. 

Todo huele a nostalgia en el viejo barrio de Buenos Aires.
Se entiende y se acepta el sonido de la melancolía.
Todo el ambiente es una ceremonia de silencio, cruzado por las luces que apenas alcanzan a iluminar. 

Esquina de las calles México y Defensa en el viejo barrio de San Telmo en  la ciudad de Buenos Aires.
 

  

Imagen El Jinete imaginario

martes, 2 de noviembre de 2021

LA VIDA EN BLUE

Espacios azules que emergen de los huecos más profundos del  gris urbano que tiñe las calles de Buenos Aires.

Brillos y reflejos que van desde la ceguera del mediodía de un otoño cálido, hasta las luciérnagas que se presentan en las últimas horas de la tarde.

La arquitectura en la zona de Catalina norte, en el barrio de Retiro de la Ciudad de Buenos Aires, tiene la particularidad de reflejar las luces y los colores del día. Incluso hasta los humores de la gente que circula por ahí, siempre atareada en demasía por las cuestiones financieras y los grandes negocios.

Por la noche, esta zona de la ciudad queda en silencio profundo. Pero los edificios y sus estructuras vidriadas, agudizan los contrastes, profundizan  los pequeños focos de luz que queda en algún ventanal o en el pie de estas moles que tanta personalidad le imprimen a la ciudad.

Pero el momento más dulce y enigmático es el atardecer. Todo se cubre de una suerte de nostalgia y una pátina color cobalto, con variaciones de azules y celestes brillantes, cubre el horizonte del espectador.


Imagen: el jinete imaginario

martes, 6 de abril de 2021

ESCALERA DE TRÉBOLES

Si fuera un juego de naipes, sería la partida ideal y señal de que la suerte no solo está echada, sino que además juega a  nuestro favor. 

Esparcidos sobre la mesa de cristal, parecen un momento de relajación de los querubines en la corte y trono de un Dios que no podemos identificar. 
















Tal vez sean los ayudantes del serafín que administra las bondades del arte que ese supuesto gran Dios despliega de tanto en tanto por aquí. 

Aunque al final todos sabemos que no son más que unos tréboles que nos mueven a la imaginación e impregnan de un fuerte verde todo el panorama. 

Vistos desde ciertos ángulos, parecen pequeñas mariposas en situación de descanso. O tal vez en una reunión intimista. 
















Sobre el vidrio el verde parece más intenso. Y las líneas negras centrales de las hojas, son como un festón que dibuja y describe la identidad de cada uno. 

Los reflejos de obras de autores pasados, reafirmados en la consideración, hacen de coro esta vez a estas pequeñas hojas que cargan tanto significado ancestral alrededor de la buena suerte y mejores augurios. 
















Los tréboles, al final, no serán más que unas hermosas hojas que cargan una naturaleza generosa y potente. Pero a nosotros nos gusta pensar que también son mensajeros de otras buenaventuras y mejores agüeros. 

lunes, 22 de marzo de 2021

LOS PUERTOS SON ESOS LUGARES DE FUERTES CONTRASTES

No podríamos llamarlos contradictorios, pero también les podrdía caber esa definición. Sobre todo los antiguos puertos que combinan todavía el trabajo con el esparcimiento. 
















En esos sitios, se puede pasar de la mayor de las expectativas a la frustración en un instante. O al revés, descubrir la felicidad después que todo se haya perdido en el fondo de la dársena. En todos los lugares que son escenario de llegadas y partidas, es así. En los actos de llegar o partir, siempre hay algo de quimérico que se puede cumplir o pasar a la memoria en calidad de recuerdo inconcluso. 

Lo que mejor refleja esa tensión o interacción es la diferencia notable que se da entre el espejo de agua y los muelles. Mientras el río o el mar está en calma, la dársena parece una pista de cristal. En esos casos, en los muelles brillan de bullicio al calor del buen clima. Y cuando hay movimientos bravíos en el agua en consonancia con cielos plomizos, entonces la vida en los muelles parece apagada, aunque solo está recogida, protegida, esperando el momento para lanzarse a una nueva aventura. 

En todos esos escenarios hay gente -hombres y mujeres - que juegan sus virtudes tratando de que no se vean sus desgracias. Esas que suelen aparecer en los momentos críticos del trabajo duro. Instante de agitados movimientos en los que no hay espacio para la reflexión ni la imaginación. 
















Pero el día tiene la virtud de saber retirarse a tiempo para que nadie muera en el intento de sobrevivir. Entonces lentamente va surgiendo la noche. Y en los contraluces, todas esas personas, lejos de apagarse, se van encendiendo al ritmo de las expectativas que va fabricando su propia imaginación. Entonces los muelles cobran una vida inusitada, donde el brillo de los espacios sugieren que en cualquier momento, algo fuerte va a arder. Y todas las quimeras saldrán a pasear, para sostener con firmeza la vocación de felicidad que han puesto en el atardecer todas esas personas con sus luces. 
















Las imágenes de este post fueron tomadas en el Dique 1 de Puerto Madero, Ciudad de Buenos Aires, el 31 de diciembre de 2020 entre las 20:37 y 20:48. Algo así como seguir la línea del atardecer en un momento muy particular de la pandemia que afectaba a la ciudad por esos días.

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Fotos: El Jinete Imaginario 

jueves, 18 de marzo de 2021

REFLEJOS. LA OTRA REALIDAD.

 

La arquitectura del vidrio suele no ser tan grandilocuente  como la de mampostería monumental, que podemos ver en los edificios del último cuarto del siglo XIX y la primera mitad del XX.

Los años posteriores a la 2º Guerra Mundial fueron de una gran austeridad. Y el florecimiento económico de la reconstrucción europea no se caracterizó por emular  el monumentalismo de  hierro  y hormigón que habían dominado los años anteriores. La  construcción desde comienzos de la década de 1960, estuvo marcada por el  vidrio, el aluminio,  el plástico y  otros materiales considerados no tan nobles. 

 


 

Pero el nuevo estilo de construcción, basado en una estructura central de hormigón con los  ejes  básicos y nula  complejidad ornamental, permitió que los arquitectos le dieran un lugar preponderante al diseño. Los nuevos materiales - también es cierto - permitían despliegues de colores y juegos con la luz, que las pesadas estructuras de antaño no dejaban.

Esa arquitectura del vidrio, que se tradujo en espacios interiores de mayor caudal de luz, fue construyendo en las ciudades espacios de fantasía, por distorsión de las imágenes reflejadas. 

 


 

El juego de la luz y los efectos espejos, producen figuras diferentes y de tonalidades diversas, según sea el ángulo de observación. En este caso, el observador toma un protagonismo en el discurso creativo que antes no tenía. Un ciudadano de a pie, atento a las curiosidades que construye temporalmente la ciudad y la variación del tiempo solar, puede ser el autor momentáneo de una obra de arte cinético.

Porque a medida que se va modificando la posición de observación, aparecen múltiples ángulos en donde la figura original reflejada, cambia paulatinamente de formas, pasando de líneas rígidas a ondulaciones y deformaciones ópticas  que inducen a pensar que el objeto observado está en movimiento. 

 


 

Estas tres fotos fueron tomadas en las nuevas construcciones de Puerto Madero. El reflejo del mural de colores, se da sobre los paneles frontales del Edificio Zen City Contex,  en la calle Rosario Vera Peñaloza. Las otras dos corresponden a los reflejos que se dan sobre un edificio de la calle Victoria Ocampo, entre Olga Cosettini y la Av. Juana Manso.

miércoles, 3 de marzo de 2021

ADIANTUM CAPILLUS - VENERIS

Ese es el complejo nombre de este pequeño “bosque”  en  miniatura que en las casas y jardines le llaman Culandrillo.  También tiene otro nombre complejo, tal como Adiantum pedantum.  Pero algunas personas prefieren llamarlo con  nombre generoso: bosquecillo primavera




Es una planta extraña. Tiene la capacidad de mimetizarse con el  espacio y quizá con las personas que les dan vueltas.  Solo tienen una exigencia determinante: humedad, mucha humedad. Al  fin y al cabo,  la humedad es producto del  agua y el agua es solo vida en estado líquido.

Cambia la profundidad del verde. Y despliega sus pequeños hilos con hojas como  lunares encrespados, en  las direcciones donde atisba una línea de luz. Las varas que armas su estructura son frágiles aunque con una cierta rigidez. Pero enormemente flexibles como para generar un follaje con  curvas que semejan las copas de los grandes árboles.

 


Sobre la madera  y jugando con los reflejos de la luz, este pequeño arbolillo se encarga de poner el toque de vértigo que rompa la dicotomía entre el  negro intenso y el brillo del reflejo de la luz.

Las fotos corresponden a una esquina de la sala de mi cada. Y en este caso, el culandrillo está acompañado de manera circunstancial por un par de gajos de una hiedra mayor del jardín. Todo crea un ambiente propicio que rompe la materialidad del espacio interior. Y crea un espacio intimista, agradable a la mirada y  de fuerte intensidad en el contraste de colores. 





Fotos: El  Jinete Imaginario / Sarmiento-cms



viernes, 19 de febrero de 2021

BURBUJAS DE LUCES EN LA SOLEDAD.

En los agujeros de la soledad de la pandemia, se cuelan los brillos de vidas que  suceden en los rincones de  una ciudad ausente.




En la noche porteña, este verano del 2021 todo tiene una sutil música de melancolía. Sonidos de otro tiempo se presentan en la oscuridad, para encender momentos vividos, para impulsar vidas que claman por futuro en medio del silencio.






Fotos @eljineteimaginario

Avenida Córdoba y Reconquista. Ciudad de Buenos Aires.

jueves, 9 de enero de 2020

EL EDIFICIO DE FOSTER


No es el lugar que uno imagina. Desde el exterior, nada indica que alberga  una  concentración de 1500 funcionarios que es el corazón de la maquinaria política  y administrativa de la Ciudad de Buenos Aires. Es un espacio libre de sospecha de albergar la típica, tediosa y temida burocracia estatal. Más bien parece un centro de artes,  un gran espacio expositivo. También podría un ser un museo, un lugar de  convenciones o de amplias reuniones comunitarias. Pero el edificio diseñado por el arquitecto Norman Foster y desarrollado por el estudio Foster + Partners, es la sede del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires desde marzo del 2015.   




Cuatro años después de su habilitación, ya pocos destacan  las características  medio ambientales de este edificio de  alrededor de 45.000 metros cuadrados, desplegados en 4 niveles superiores y dos inferiores. Pero en el período de construcción, entre el 2010 y 2015,  tanto el gobierno de la ciudad como los principales medios,  pusieron la atención en su carácter de  edificio sustentable.
Tal denominación viene añadida con el certificado LEED Silver  (Liderazgo en Energía y Diseño Ambiental), una calificación que se obtiene cuando un edificio es autosustentable en materia de climatización, iluminación y acústica general. El calificativo, en suma, no es más que una síntesis descriptiva de cuando un espacio aprovecha al máximo las ventajas comparativas del entorno para iluminarse, lograr la temperatura adecuada a bajo costo energético y amortiguar los ruidos del  entorno, al tiempo que se crea un clima de serenidad interior. Pero cuatro años después de su inauguración, los vecinos de la ciudad prestan más atención a sus características arquitectónicas que a los aspectos técnicos de ingeniería.
En la página oficial del estudio Foster + Partners se puede leer esta descripción de su trabajo
“El edificio sostenible que será la nueva sede corporativa del Buenos Aires Ciudad Casa de Gobierno, actualmente en construcción, ocupa una manzana entera en el barrio de Parque Patricios. El proyecto es reflejo del parque donde se encuentra el edificio, con patios ajardinados y pasarelas sombreadas, y utiliza materiales que se inspiran en el pasado industrial del emplazamiento para reforzar el carácter único del barrio. El proyecto se extiende hasta los lindes del emplazamiento y está organizado como un campus interno de «pueblos» interconectados por vías de circulación y patios exteriores ajardinados. Los luminosos espacios están unificados por una cubierta fluida que se sustenta en esbeltos pilares y se proyecta para dar sombra a la gran plaza de acceso. Un atrio que se eleva por toda la altura del edificio dirige la circulación a cuatro niveles de espacios de oficinas aterrazados, todos ellos con vistas directas al parque. Sobre una retícula de ocho metros cuadrados, las amplias placas de piso permiten un alto grado de flexibilidad en la planificación de los espacios de trabajo. Este proyecto pretende tener un impacto ambiental y social positivo en la ciudad y forma parte de una iniciativa general de regeneración del barrio de Parque Patricios, un antiguo parque empresarial de industria ligera situado al sur del centro urbano, que ahora emerge como foco de atracción de industrias de alta tecnología. Se trata del primer proyecto de oficinas que lleva a cabo el estudio en Argentina e incorpora distintos elementos de sostenibilidad con el objetivo de conseguir la acreditación LEED Silver. Entre ellos está la utilización de la masa térmica expuesta de los tableros de fondo de hormigón con vigas frías con fines de refrigeración, así como la reducción de la demanda energética gracias a las fachadas en sombra —que se orientan en función de la trayectoria del sol— y el fomento de la ventilación natural”.


Unos meses antes de la inauguración, el arquitecto Norman Foster decía: "La sustentabilidad está relacionada fuertemente a los recursos locales y el clima, y el edificio de Jefatura de Gobierno de Buenos Aires es una gran demostración de cómo la arquitectura puede trabajar con la naturaleza, a través de medios ambientales pasivos, para reducir el uso de energía. El techo se extiende como un cannopy para dar sombra, su estructura de hormigón que parece ondular libremente es tanto simbólica, como un edificio cívico y funcional en la regulación de la temperatura. Las celosías en las fachadas este y el oeste protegen el interior del deslumbramiento directo, mientras que los patios permiten el acceso de la luz solar en el corazón del edificio; de esta manera, el diseño del edificio es en gran medida una respuesta a su emplazamiento y al clima. El proyecto ha tenido un papel fundamental en la regeneración de este antiguo barrio industrial de la ciudad".
Mientras que David Summerfield, Jefe de Estudio en Foster + Partners, comentaba sobre este proyecto: "Este es un hito importante para nuestra oficina, y estamos orgullosos de que sea nuestra primera obra cívica en Argentina, siendo una oficina gubernamental tan importante para Buenos Aires. Su diseño es en gran medida una respuesta al contexto local, social y ambiental. Nuestro objetivo ha sido generar un edificio de gran flexibilidad, que celebra el maravilloso clima de la ciudad y su ubicación junto al parque, además de hacer un aporte positivo a la renovación del barrio".



El edificio de Foster está ubicado en la manzana delimitada por las calles Uspallata, Los Patos, Atuel e Iguazú, del  barrio Parque de los Patricios, frente al espacio verde del mismo nombre. Un  barrio que en sus orígenes (hacia 1870) albergó los basurales de la ciudad. Por ese tiempo a la zona se la mencionaba popularmente como “el barrio de la quema”, porque se incineraba la basura. En la primera mitad del  siglo XX, el antiguo barrio marginal, se industrializó al  ritmo del país y de la  ciudad. Con una ubicación contigua al barrio de Barracas, lugar de asentamiento de  las curtiembres que poblaron la ribera del Riachuelo desde tiempos de la colonia, el barrio Parque de los Patricios se fue cargando de pequeños talleres y  depósitos  industriales. Al mismo tiempo, creció el parque público con la habilitación de tres espacios: el Parque España, el Parque Florentino Ameghino  y el Parque de los Patricios  que, con sus 9 hectáreas, es uno de los más grandes de la ciudad, junto al Parque Lezama.
El edificio de Foster se instala en un lado de este espacio verde, forestado a la manera que lo pensó  en  el siglo pasado el arquitecto y paisajista Carlos Thays, con abundante cantidad de Tipas,  de unos cinco metros de altura y varios años de desarrollo.  El Parque de los Patricios es el gran pulmón verde del suroeste de la ciudad. A su alrededor son pocos los edificios de gran envergadura. Más bien, es  el  límite entre los altos edificios del lado norte y las casas bajas del lado sur. El diseño tiene en  cuenta este aspecto y lo aprovecha al máximo.
Al respecto, en relación al exterior, el  equipo de proyecto explica lo siguiente: Exteriormente, el edificio se caracteriza por su techumbre flotante, la que se estructura por pilares y se extiende en un profundo voladizo para dar sombra a la plaza de acceso y las fachadas. En el interior, el techo abovedado de hormigón a la vista expone su textura. El uso de materiales industriales refuerza el carácter anterior de las fábricas de Parque Patricios, mientras que la masa térmica de los plafones de hormigón, en combinación con las corrientes frías, ayudan a regular naturalmente la temperatura y a mantener las oficinas ventiladas. El proyecto será el primer edificio público Argentino en lograr la certificación LEED Silver. Cada aspecto de la planificación fue diseñado en respuesta a las condiciones climáticas locales, incluyendo la composición de cada fachada; las elevaciones oriente y poniente son sombreadas por una pantalla de celosías, que cubren la altura total del edificio.



El acceso  al edificio de  casi 25 me de altura, es a través de un atrio empinado que revela a primera vista las cuatro plantas superiores. Este atrio se eleva toda la atura del edificio, extendiéndose a lo ancho,  y los cuatro niveles de oficinas ingresan al espacio como balcones. Todos ellos con vista directa  al parque.
Los muros acristalados de altura completa llenan el espacio con luz natural y generan una conexión visual con el parque adyacente. Los cuatro niveles de espacios de trabajo se retranquean para crear una secuencia de terrazas internas. Todos los pisos están conectados por rutas de circulación de iluminación superior, interrumpidos por dos grandes patios ajardinados. Los espacios de actividad son abiertos, iluminados de forma natural, y visibles, garantizando una buena comunicación entre los departamentos y promoviendo un alto sentido de comunidad.
La plaza de acceso está sombreada por una ondulante cubierta de hormigón que se apoya en esbeltas columnas del mismo material.  En el interior, el techo abovedado de hormigón está texturado y expuesto volviendo a mostrar las ondulaciones en el alero voladizo exterior, como protección de la cristalera de la fachada trasera.
Fotos: sarmiento-cms / El Jinete Imaginario


martes, 26 de noviembre de 2019

EL GRAN ESCENARIO


Los teatros son esos lugares privilegiados de las ceremonias mundanas. Lugares especiales de exaltación. El Teatro Gran Rex de Buenos Aires es uno de esos sitios. Donde además de la carga emocional de la producción artística, se suma la leyenda de un escenario por donde pasaron grandes figuras del teatro, la música y la danza del mundo en el último siglo. Es un lugar clave de la cultura porteña y recinto consagratorio para cualquier artista en el  mundo.



El  edificio de unos de los coliseos culturales más importantes de  la ciudad, es de una austeridad suprema. Igual que el  Obelisco (el  mayor símbolo de la ciudad) no tiene ningún despliegue  arquitectónico que remarque formas o agregue elementos que cubran su desnudez.  Planos despejados y espacio suficiente para que la gente, los que participan de la vida diaria, le vayan cargando al lugar sus propias definiciones. El Teatro Gran Rex como el Obelisco, son de esos lugares que arquitectónicamente parecen que no dicen nada, pero están  llenos de significado y en constante cambio, por la participación de la gente en el imaginario cultural de la ciudad.
En lo más alto del frente del edificio, están grabadas sobre relieve en cemento, las letras del nombre. Desde la vereda de enfrente al teatro – ubicado en el número 857  de  la Avenida Corrientes – se puede ver la magnitud del  nombre que le confieren al frontispicio, un aire de tótem urbano en el corazón de la ciudad. La cubierta vidriada en su totalidad, solo marcada por las líneas laterales en hormigón, permiten observar el  movimiento interior en sus descansos y agitaciones de espectadores.  La característica principal de este edificio es su austeridad ornamental, la amplitud de los espacios destacados en los ventanales frontales y la envergadura.

Por las noches se puede ver la actividad social en dos planos simultáneos. La vida interior en  los distintos hall de los pisos superiores y la frenética actividad de la calle y el hall central ocupado por espectadores que realizan el prólogo a la función. Visto desde  la acera de enfrente, atendiendo la coloración dorada de su iluminación interior,  se puede seguir los movimientos de   la  gente e intuir los diálogos, encuentros y afectos entre quienes participan de esas ceremonias del  espectáculo.
El Gran Rex es un punto clave del espectáculo de Buenos Aires. Junto al Teatro Opera – que está enfrente – forman un conjunto cultural de primer  orden a nivel mundial y reciben anualmente a  las primeras figuras del espectáculo y la canción internacional. Tiene una capacidad de 3.262 espectadores.  No son tantos, comparados a otros centros mundial de grandes espectáculo, pero es mucho más de  la capacidad promedio de cualquier teatro. No son tantos tampoco si se compara la cifra con  el tamaño del  edificio. Pero una de  las características principales de este lugar, es  la amplitud de  los espacios de espera, circulación y espacios de descanso, que le dan un aire de  lugar de tertulia. Al menos eso es lo que sucede en  los momentos previos y finales de cada espectáculo o en  los descansos intermedios.











Fue  construido en 1937 en apenas siete meses. Poco tiempo si se tiene en cuenta el tamaño y la funcionalidad del lugar. Es un edificio clave de la  arquitectura moderna de Buenos Aires y una obra cumbre del estilo racionalista del arquitecto Alberto Prebisch, quien también fue el  autor del  Obelisco de la ciudad que – con el tiempo – se iba a convertir en   el símbolo porteño por excelencia. El trabajo de Prebisch en el  teatro, fue realizado en  sociedad y colaboración  con el  ingeniero civil Adolfo T. Moret.  Una participación determinante en  la  estructura general, ya que el Gran Rex está hecho en  hormigón armado, con un techo de sala realizado en cabriadas metálicas.  Este tipo de construcciones fueron  la  principal novedad en la arquitectura de  época. El Obelisco también es una estructura de hormigón, lo mismo que el Edifico Kavanagh  (situado a pocas cuadras del Gran Rex). Ambos fueron construidos en 1936, un año antes que el teatro. Y los tres, representan  lo más importante del racionalismo en la  arquitectura.
Por la mañana, visto desde  la perspectiva de la avenida, el edificio se presenta solo como un gran rectángulo, carente de ornamentos, donde solo se destacan los ventanales que ocupan todo el frente y los bordes de  hormigón,  que enmarcan los espacios vidriados, revestido en travertino romano sin lustrar. Esta sala es una gran cáscara dividida en fajas encimadas, inspirada en el Radio City de Nueva York. Los materiales son mármol Botticcino italiano, revoque, madera enchapada y bronce. Los espectadores se disponen en tres niveles: platea, primer balcón y segundo balcón. Tanto las butacas como los telones y alfombras originales fueron de color tierra siena quemada, y las paredes fueron pintadas a la témpera de color ocre ligeramente rojizo.


Fotos: sarmiento-cms /el jinete imaginario.