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sábado, 6 de noviembre de 2021

MARRONES, OCRES Y AMARILLOS

El verde se ha perdido en el fondo del camino que lleva al invierno más profundo. Algunos restos ralean a un costado de las líneas marrones, ocres y amarillas que dominan el instante. 


Encontrar un sendero que ofrezca una perspectiva de horizonte en la distancia, es hoy casi una quimera. Pero los ojos bien abiertos y la  voluntad cargada de trabajo, a veces amplían el paisaje que se extiende más allá de donde alcanzamos con la vista.

Ver, no es un atributo de la gente, no es una condición insoslayable. Es una actitud firme y sustantiva de aquellos dispuestos a encontrar pájaros donde hubo nidos.

Ver, en el sentido más agudo de la mirada, es construir nidos para que nazcan pájaros, a fabricar cielos para que haya nubes, a descubrir vientos para que haya vuelos.   

Porque al fin de cuentas, ver - en el sentido más profundo de la mirada -  es como volar sin alas, es descubrir el verde en el invierno más profundo.
 

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Imagen El Jinete imaginario

jueves, 4 de noviembre de 2021

COLORES DE INVIERNO

El invierno y sus rigores ponen su marca en estos días.

Una suave llovizna cubre de brillo el empedrado.
La noche marca el silencio y la soledad indica el carácter de las calles en esas horas. 

Todo huele a nostalgia en el viejo barrio de Buenos Aires.
Se entiende y se acepta el sonido de la melancolía.
Todo el ambiente es una ceremonia de silencio, cruzado por las luces que apenas alcanzan a iluminar. 

Esquina de las calles México y Defensa en el viejo barrio de San Telmo en  la ciudad de Buenos Aires.
 

  

Imagen El Jinete imaginario

martes, 2 de noviembre de 2021

LA VIDA EN BLUE

Espacios azules que emergen de los huecos más profundos del  gris urbano que tiñe las calles de Buenos Aires.

Brillos y reflejos que van desde la ceguera del mediodía de un otoño cálido, hasta las luciérnagas que se presentan en las últimas horas de la tarde.

La arquitectura en la zona de Catalina norte, en el barrio de Retiro de la Ciudad de Buenos Aires, tiene la particularidad de reflejar las luces y los colores del día. Incluso hasta los humores de la gente que circula por ahí, siempre atareada en demasía por las cuestiones financieras y los grandes negocios.

Por la noche, esta zona de la ciudad queda en silencio profundo. Pero los edificios y sus estructuras vidriadas, agudizan los contrastes, profundizan  los pequeños focos de luz que queda en algún ventanal o en el pie de estas moles que tanta personalidad le imprimen a la ciudad.

Pero el momento más dulce y enigmático es el atardecer. Todo se cubre de una suerte de nostalgia y una pátina color cobalto, con variaciones de azules y celestes brillantes, cubre el horizonte del espectador.


Imagen: el jinete imaginario

lunes, 22 de marzo de 2021

LOS PUERTOS SON ESOS LUGARES DE FUERTES CONTRASTES

No podríamos llamarlos contradictorios, pero también les podrdía caber esa definición. Sobre todo los antiguos puertos que combinan todavía el trabajo con el esparcimiento. 
















En esos sitios, se puede pasar de la mayor de las expectativas a la frustración en un instante. O al revés, descubrir la felicidad después que todo se haya perdido en el fondo de la dársena. En todos los lugares que son escenario de llegadas y partidas, es así. En los actos de llegar o partir, siempre hay algo de quimérico que se puede cumplir o pasar a la memoria en calidad de recuerdo inconcluso. 

Lo que mejor refleja esa tensión o interacción es la diferencia notable que se da entre el espejo de agua y los muelles. Mientras el río o el mar está en calma, la dársena parece una pista de cristal. En esos casos, en los muelles brillan de bullicio al calor del buen clima. Y cuando hay movimientos bravíos en el agua en consonancia con cielos plomizos, entonces la vida en los muelles parece apagada, aunque solo está recogida, protegida, esperando el momento para lanzarse a una nueva aventura. 

En todos esos escenarios hay gente -hombres y mujeres - que juegan sus virtudes tratando de que no se vean sus desgracias. Esas que suelen aparecer en los momentos críticos del trabajo duro. Instante de agitados movimientos en los que no hay espacio para la reflexión ni la imaginación. 
















Pero el día tiene la virtud de saber retirarse a tiempo para que nadie muera en el intento de sobrevivir. Entonces lentamente va surgiendo la noche. Y en los contraluces, todas esas personas, lejos de apagarse, se van encendiendo al ritmo de las expectativas que va fabricando su propia imaginación. Entonces los muelles cobran una vida inusitada, donde el brillo de los espacios sugieren que en cualquier momento, algo fuerte va a arder. Y todas las quimeras saldrán a pasear, para sostener con firmeza la vocación de felicidad que han puesto en el atardecer todas esas personas con sus luces. 
















Las imágenes de este post fueron tomadas en el Dique 1 de Puerto Madero, Ciudad de Buenos Aires, el 31 de diciembre de 2020 entre las 20:37 y 20:48. Algo así como seguir la línea del atardecer en un momento muy particular de la pandemia que afectaba a la ciudad por esos días.

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Fotos: El Jinete Imaginario 

jueves, 18 de marzo de 2021

REFLEJOS. LA OTRA REALIDAD.

 

La arquitectura del vidrio suele no ser tan grandilocuente  como la de mampostería monumental, que podemos ver en los edificios del último cuarto del siglo XIX y la primera mitad del XX.

Los años posteriores a la 2º Guerra Mundial fueron de una gran austeridad. Y el florecimiento económico de la reconstrucción europea no se caracterizó por emular  el monumentalismo de  hierro  y hormigón que habían dominado los años anteriores. La  construcción desde comienzos de la década de 1960, estuvo marcada por el  vidrio, el aluminio,  el plástico y  otros materiales considerados no tan nobles. 

 


 

Pero el nuevo estilo de construcción, basado en una estructura central de hormigón con los  ejes  básicos y nula  complejidad ornamental, permitió que los arquitectos le dieran un lugar preponderante al diseño. Los nuevos materiales - también es cierto - permitían despliegues de colores y juegos con la luz, que las pesadas estructuras de antaño no dejaban.

Esa arquitectura del vidrio, que se tradujo en espacios interiores de mayor caudal de luz, fue construyendo en las ciudades espacios de fantasía, por distorsión de las imágenes reflejadas. 

 


 

El juego de la luz y los efectos espejos, producen figuras diferentes y de tonalidades diversas, según sea el ángulo de observación. En este caso, el observador toma un protagonismo en el discurso creativo que antes no tenía. Un ciudadano de a pie, atento a las curiosidades que construye temporalmente la ciudad y la variación del tiempo solar, puede ser el autor momentáneo de una obra de arte cinético.

Porque a medida que se va modificando la posición de observación, aparecen múltiples ángulos en donde la figura original reflejada, cambia paulatinamente de formas, pasando de líneas rígidas a ondulaciones y deformaciones ópticas  que inducen a pensar que el objeto observado está en movimiento. 

 


 

Estas tres fotos fueron tomadas en las nuevas construcciones de Puerto Madero. El reflejo del mural de colores, se da sobre los paneles frontales del Edificio Zen City Contex,  en la calle Rosario Vera Peñaloza. Las otras dos corresponden a los reflejos que se dan sobre un edificio de la calle Victoria Ocampo, entre Olga Cosettini y la Av. Juana Manso.