La arquitectura
del vidrio suele no ser tan grandilocuente
como la de mampostería monumental, que podemos ver en los edificios del
último cuarto del siglo XIX y la primera mitad del XX.
Los años
posteriores a la 2º Guerra Mundial fueron de una gran austeridad. Y el
florecimiento económico de la reconstrucción europea no se caracterizó por
emular el monumentalismo de hierro
y hormigón que habían dominado los años anteriores. La construcción desde comienzos de la década de
1960, estuvo marcada por el vidrio, el
aluminio, el plástico y otros materiales considerados no tan nobles.
Pero el nuevo
estilo de construcción, basado en una estructura central de hormigón con
los ejes
básicos y nula complejidad
ornamental, permitió que los arquitectos le dieran un lugar preponderante al
diseño. Los nuevos materiales - también es cierto - permitían despliegues de
colores y juegos con la luz, que las pesadas estructuras de antaño no dejaban.
Esa arquitectura
del vidrio, que se tradujo en espacios interiores de mayor caudal de luz, fue
construyendo en las ciudades espacios de fantasía, por distorsión de las
imágenes reflejadas.
El juego de la
luz y los efectos espejos, producen figuras diferentes y de tonalidades
diversas, según sea el ángulo de observación. En este caso, el observador toma
un protagonismo en el discurso creativo que antes no tenía. Un ciudadano de a
pie, atento a las curiosidades que construye temporalmente la ciudad y la
variación del tiempo solar, puede ser el autor momentáneo de una obra de arte
cinético.
Porque a medida
que se va modificando la posición de observación, aparecen múltiples ángulos en
donde la figura original reflejada, cambia paulatinamente de formas, pasando de
líneas rígidas a ondulaciones y deformaciones ópticas que inducen a pensar que el objeto observado
está en movimiento.
Estas tres fotos
fueron tomadas en las nuevas construcciones de Puerto Madero. El reflejo del
mural de colores, se da sobre los paneles frontales del Edificio Zen City
Contex, en la calle Rosario Vera
Peñaloza. Las otras dos corresponden a los reflejos que se dan sobre un
edificio de la calle Victoria Ocampo, entre Olga Cosettini y la Av. Juana
Manso.