viernes, 19 de julio de 2019

LA PLAZA QUE NADIE SABE CÓMO SE LLAMA


Para los que la cruzan a diario es ¡Ahí…!  Frente a la Cancillería”. Pero para el catastro municipal es la Plaza San Martín. Este espacio verde, de abundante arbolado, con ejemplares añosos y copas tupidas de hasta cinco metros, es un lugar de privilegio para observar la arquitectura de Buenos Aires. Desde aquí, mirando hacia el lado sur, girando la mirada de izquierda a derecha, se observa el Palacio San Martín, el edificio Kavanagh, el Conjunto Monumental dedicado al Libertador  y el Palacio Paz.


 

Miles de personas circulan a diario por aquí. Y para todos es “ahí… frente a la Cancillería”. Es lo mismo recorrerla por cualquiera de las calles que la circundan. Tanto sea  la Av. Santa Fe o las calles Esmeralda o Arenales. Precisamente en el 761 de Arenales está la entrada principal del Palacio San Martín, sede principal de la Cancillería Argentina. La antigua residencia de la familia Anchorena, hoy está reservada  para actividades protocolares. La sede administrativa  del Ministerio de Relaciones Exteriores argentino, está en la esquina de Esmeralda y  Arenales. Por eso,  a esta plaza de la llama “¡Ahí…!  Frente a la Cancillería.
Pero la plaza tiene nombre. Es la Plaza San Martín. Precisamente donde está la estatua ecuestre   dedicada al Libertador General José de San Martín. La escultura forma parte de un conjunto monumental  llamado Monumento al General San Martín y a los Ejércitos de la Independencia. Una obra de primer orden del escultor francés Louis Joseph Daumas.
La plaza frente al Palacio Anchorena, también es la Plaza San Martín. Pero es el extremo norte, separado del resto por la apertura a la circulación vehicular de la calle Maipú. Pero estos detalles quedan para los estudiosos, los eruditos y los curiosos a tiempo parcial. Tampoco casi nadie sabe que el Palacio Anchorena es obra de uno de los arquitectos más importantes de la historia argentina, Alejandro Christophersen. Fue construido en 1905, cuando los beneficios de producir buenas carnes y granos para el antiguo Imperio Británico, dejaba buenos dividendos en las familias porteñas propietarias de la tierra.



La vista general  de la Plaza San Martín deja la sensación que el solar se compone solamente donde está el monumento. Ese lugar a donde van los visitantes ilustres a dejarle flores al libertador como gesto protocolar. En el otro extremo hay una barranca donde se toma sol en verano, se mira desde lejos la Torre de los Ingleses y se puede apreciar de lejos,  ese infierno de tránsito que es la terminal ferroviaria de Retiro. El mismo infierno donde gran cantidad de porteños se mueven a diario, pero que desde la barranca parece un lugar encantador.
Frente al Palacio San Martín, el espacio verde de abundante arbolado, con ejemplares añosos de tronco generoso y copas de abundante vegetación, con una altura de hasta cinco metros, es un lugar de paso para la mayoría de la gente. Solo unos pocos transeúntes utilizan sus bancos como lugar de descanso y disfrute del entorno arquitectónico de primer orden. Porque desde este extremo, se aprecia con toda claridad y detalle la fachada de estilo Beaux- Arst,  que el arquitecto Christophersen y Mercedes Castellanos de Anchorena, decidieron darle al Palacio Anchorena.
En dirección sur se observa el edificio Kavanagh. Por encima de los alerces, tipas y palo borracho que ocupan la  zona central de la plaza,  se ven los pisos altos de este edificio de 120 metros de altura, inaugurado en enero de 1936. Por varios años, fue el edifico más alto de Argentina y la estructura  de hormigón armado más grande de Sudamérica. Fue construido por el ingeniero Rodolfo Cervini que tardó dos años en terminarlo. En 1994, la Asociación Estadounidense de Ingeniería Civil lo distinguió como “hito histórico internacional de la ingeniería”, como detalle la enciclopedia Wikipedia.


 Desde esta misma perspectiva y a cierta distancia, se puede ver la magnitud del conjunto monumental dedicado al Libertador, con su explanada en  primer plano y el horizonte poblado de una arboleda generosa y tupida, impide  ver la fachada del edificio del Hotel Plaza (contiguo al Edificio Kavanagh) una obra del arquitecto alemán Alfred Zucker, inaugurado en 1909. Un capricho del empresario Ernesto Tornquist, para sumar un emprendimiento monumental a los festejos por el centenario de la Revolución de Mayo, en 1910.
A  la derecha de la visión sur, está el Palacio Paz. Girando unos pocos grados el ángulo de observación,  se puede ver su fachada principal. También conocido como Palacio Retiro fue,  en su tiempo,  fue la residencia más grande y lujosa de Buenos Aires. Fue propiedad de José C. Paz, el fundador del diario La Prensa, quien lo mandó construir en 1902. La obra demandó 12 años y Paz no llegó a verlo concluido porque murió dos años antes. En 1911 también falleció el arquitecto que hizo el diseño original, el arquitecto francés Louis-Marie Henri Sortais. El resultado de los trabajo finalizados por el arquitecto Carlos Agote, fue una mansión de 12.000 metros cuadrados, 140 habitaciones y diversos ambientes  entre los que se cuenta un jardín de invierno.  Hoy es la sede del Círculo Militar y además en su interior funciona el Museo del Ejército. Para quien  lo  observe desde la calle o desde esta “plaza sin nombre”, lo más destacado es  la herrería del portal principal. Uno de los más bellos trabajos en la materia, que pueda tener la arquitectura de Buenos Aires.
Esta plaza seccionada  del resto de la Plaza San Martín, tiene una explicación que solo se comprende por la cantidad de modificaciones que tuvo el diseño original dedicada al Libertador. Asentada  en los terrenos donde estuvo la única plaza de toros de la ciudad, sus dimensiones fueron variando  en esta zona que se conocía como “La meseta del Retiro”. Aquí también funcionó un polvorín de la milicia, fue asiento de diversos regimientos y se desarrollaron importantes acontecimientos durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807. Precisamente después de estas batallas, el Cabildo de Buenos Aires decidió nombrar al lugar como “Campo de la Gloria”. Finalmente fue el lugar de nacimiento y entrenamiento del  Regimiento de Granaderos, base del ejército libertador del general San Martín.
En 1860, diez años después de la muerte de San Martín, las autoridades consideraron pertinente dedicar un lugar al libertador. Entonces se convocó el primer concurso de ideas para el diseño de la plaza pública. Desde esa fecha a la actualidad, la plaza ha ido cambiando su aspecto y extensión según la iniciativa de  los gobiernos  de  turno de la ciudad. Los problemas de circulación, en una zona muy congestionada de tránsito, indujo a las autoridades a liberar ese tramo de la calle Maipú. Luego, por cuestiones de seguridad durante las ofrendas al libertador por parte de los visitantes ilustres al país, se la cerró parcialmente. Hoy, nuevamente está disponible a la circulación, razón por la cual, este extremo norte de la plaza, queda como un apartado. Aparece ante el ciudadano como un lugar sin nombre y que todos han calificado como “¡Ahí… Frente a la Cancillería”.
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Esta crónica fue realizada con material informativo propio y la enciclopedia Wikipedia, como así también el portal Arcón de Buenos Aires. 
Fotos sarmiento.cms

viernes, 12 de julio de 2019

RIBERA DE LUCES


Cada noche, se encienden las luces de la ribera de la ciudad. No es un malecón al uso como el de tantas otras ciudades portuarias. La ribera de Buenos Aires está ocupada por el remanente del antiguo Puerto Madero. En el lado oeste de las dársenas de amarre, los viejos almacenes de los cuatro Docks que lo componen, fueron reciclados.  Y en el lado este, se construyó un barrio nuevo de gran despliegue arquitectónico. Cambió la fisonomía de la ciudad, pero los porteños siguen sin ver el río. En su lugar,  tienen una ribera de luces.


Pasaron casi 100 años para que este puerto denominado Madero encontrar su verdadera función e inserción en la ciudad de Buenos Aires. La obra empezó en abril de 1887 y se habilitó el complejo completo en marzo de 1898. Pero solo funcionó plenamente como puerto de viajeros y carga y descarga de mercancías, apenas 10 años. Quedó obsoleto en la primera década del siglo XX por la evolución y aumento del tamaño de los barcos de los servicios de ultramar. En 1919 fue reemplazado por el actual Puerto Nuevo, que había pensado el  ingeniero Huergo en 1880 y perdió la competencia del proyecto con Eduardo Madero.

Entre 1920 y comienzo de la década de 1990, los viejos almacenes de ladrillos rojizos diseñados por los ingenieros  ingleses Hawkshaw, Son & Hayter  y construidos por la firma alemana Wayss & Freytag  Ltd, alrededor de 1905, no cumplieron más función que la de ser auxiliares de algunas  dependencias del Estado, como el Correo Internacional o la Armada Argentina. Con el tiempo, muchos de ellos se fueron deteriorando en su estructura por la falta de uso y mantenimiento edilicio.  



Recién en 1994 comenzó la obra de remodelación de este sector de la ciudad, que impedía el acceso directo de los porteños a la ribera del Río de la Plata. En el siglo transcurrido desde su inauguración, el sitio solo fue acumulando vagones ferroviarios en desuso en las vías muertas de actividad. Dice  la enciclopedia Wikipedia:

El gobierno de la ciudad inició, con el asesoramiento del ayuntamiento de Barcelona, los estudios del plan de reciclaje, convocándose en 1991 un concurso nacional de ideas, de donde surgió el "master plan" (plan maestro) para el nuevo barrio, del cual surgieron dos ganadores cuyas propuestas se fusionaron posteriormente, por lo cual el plan urbano del nuevo barrio fue obra de un equipo formado por los arquitectos Juan Manuel Borthagaray, Cristian Carnicer, Pablo Doval, Enrique García Espil, Mariana Leidemann, Carlos Marré, Rómulo Pérez, Antonio Tufaro y Eugenio Xaus. La realización de dicho plan significó la mayor obra de su tipo jamás realizada en Buenos Aires, con una inversión total por parte del Estado de cerca de 1000 millones de dólares.



El desarrollo pleno del actual Puerto Madero,  no alcanzó su desarrollo pleno hasta el año 2006 y 2007. Pero la inversión realizada hacia el final del siglo XX, tuvo una proyección geométrica  en desarrollo arquitectónico, diseño de nuevos espacios de entretenimiento y esparcimiento, la  gastronomía y actividades deportivas.

A diferencia  de la gran obra portuaria de finales del siglo XIX,  este desarrollo urbanístico no para de crecer. Las sucesivas crisis  económicas argentinas parece n no afectar la inversión en esta parte de la ciudad. Bien es cierto, que aquí se concentra gran parte de las sedes de los principales inversores en  el país. El sector residencial es el más caro de Buenos Aires. Un informe del mes de enero pasado de la empresa Reporte Inmobiliario, indica que el precio promedio del metro cuadrado residencial es de 8.012 u$s.  Una cifra superior a la que se registra en Punta del Este, el exclusivo balneario uruguayo.





Pero si bien los residentes pertenecen a sectores sociales argentinos de altos ingresos, todo el paseo que rodea los cuatro diques es concurrido durante la semana por empleados de grandes corporaciones que tiene su sede en este barrio. Durante los fines de semana, es un paseo turístico obligado para los visitantes de  Buenos Aires y zona de relajación para porteños de todos los estratos sociales. Miles de personas utilizan los restaurantes del lugar. Y por las noches, es sitio obligado para una cena o encuentro lejos de los ruidos de la ciudad.

Por las noches,  Puerto Madero tiene  otra imagen, cambia el escenario para el visitante. Y en todo el recorrido, desde la Dársena Sur hasta la Avenida Córdoba, es una sucesión de luces. En cada una de ellas, hay una historia.
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Fotos: sarmiento-cms
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Pueden consultar más información en



miércoles, 3 de julio de 2019

ESCENA DE NOVELA NEGRA EN UNA ESQUINA TRADICIONAL


Escena de novela negra. Eso es lo que sugiere esta imagen de la esquina de Avenida Garay y Paseo Colón. Aunque la escena también podría  ser la de tres jóvenes que marchan alegremente hacia una noche feliz. El lugar no tiene nada de histórico ni han  ocurrido sucesos clave en la historia de la Ciudad de Buenos Aires. Podría ser solo una cuesta, igual que otras que tiene la barranca que  - en otro tiempo – daba con el Río de la Plata. Sin embargo, ciertas casualidades han dejado su impronta en esta esquina. Por ejemplo, el mural  Educación o Esclavitud.

A cien metros del  Parque Lezama, este lugar podría ser uno más de paso. En los registros urbanos solo apareció en la prensa en junio de 1966, cuando se incendió el enorme depósito del servicio oficial de Correo de Argentina,  que dependía de la Secretaría de Comunicaciones del gobierno nacional. El predio ocupaba toda la manzana de  Av. Garay, Balcarce, Brasil y Paseo Colón. Desde ese tiempo hasta hoy, solo fue ocupado parcialmente por la Dirección Antártica del Ejército argentino. un  sitio al que nadie le presta atención,  pero que en su interior alberga el Museo  de las Actividades Antárticas “Gral Hernán Pujato”. Un lugar donde se pueden ver todo tipo de artefactos, aparejos, instrumentos y medios de movilidad que se usaron en las distintas campañas antárticas terrestres de Argentina.
Otros seguramente recuerden esta esquina porque es “la esquina del mural. Una obra que sin duda ven a través del autobús, cuando gira desde Paseo Colón, para tomar la Av. Garay en dirección a la Plaza Constitución, el principal centro ferroviario del sur de la ciudad.  Pero esa “esquina del mural”, es la que contiene en uno de sus muros, una de las principales obras del muralismo argentino. A través de este enlace, pueden acceder a una nota en este mismo blog, que  publiqué en  2015, y que se titula MURALISMO EN BUENOS AIRES.


La obra fue realizada por El Taller Muralista de la Unión de Trabajadores de la Educación. Se titula “Educación o Esclavitud” y tiene unos 300 metros cuadrados. No es posible circular por esta esquina sin ver sus imágenes, que representan a un grupo de maestros enfrentando a las fuerzas de represión que persiguen el reclamo popular.  El tema – en un país como argentina – es atemporal,  puesto que la metodología de la represión,  como sistema de solución de problemas, sigue siendo tan vigente como a finales del siglo XIX. La calidad de la obra  desde el punto de vista artístico ha sido remarcada por los expertos. Pero a simple vista, también se puede observar que el nivel técnico del trabajo es de primera. Ha sobrevivido a la lluvia, la humedad y la desidia de todos los gobiernos desde junio del 2001 (cuando se realizó)  hasta ahora sin ningún mantenimiento.  
Hoy la esquina va a sumar un  nuevo vecino ilustre, la sede central del Banco Santander Rio. Es el edificio vidriado e iluminado  que se ve al fondo de la foto. Como se puede deducir, los arquitectos no se han esmerado mucho en el diseño. Pero sin duda, esa central de operaciones traerá un importante movimiento. Este ya no será de paso. Unos vendrán por trámites y otros se sumarán a sus trabajos. Igual  que los empleados de la Administración Nacional de Aviación Civil, que se encuentra a escasos 30 metros.
Pero por las noches, la esquina es una cuesta que da  para la imaginación. En ese silencio suenan las voces de antaño, los de la cuesta de la Barranca de la Punta Catalina, que era  como se llamaba en tiempos de la fundación de la ciudad, a este extremo, cuyo punto más alto tiene hoy al Parque Lezama.

miércoles, 3 de abril de 2019

RESERVA ECOLÓGICA COSTANERA SUR: LOS CAPRICHOS DE LA NATURALEZA

La Reserva Ecológica Costanera Sur es el espacio protegido más grande de la ciudad de Buenos Aires.  Un área de 350 hectáreas a puro verde, con una vegetación salvajemente ordenada  por la gestión  del Gobierno de la Ciudad, en colaboración con asociaciones ambientalistas. La circunvalación tiene una extensión de 7,9 km. Es un sitio RAMSAR, está en la lista de humedales destacados del mundo. Es un lugar accesible, ubicado a escasos metros de la City porteña, el corazón económico, financiero  y político de Argentina. En el canal de  You Tube El Jinete Imaginario tienen videos explicativos del área.




La Reserva Ecológica Costanera Sur de la Ciudad de Buenos Aires, es uno de esos lugares que crecen a contramano y a pesar de todo. Un montón de escombros destinados a crear una isla artificial en el Río de la Plata, a escasos metros de la City porteña, destinada a albergar residencias de  gente con poder, al final terminó siendo lo que se ve. Un espacio de 350 hectáreas  a puro verde, con una vegetación salvajemente ordenada  por la gestión  del Gobierno de la Ciudad, en colaboración con asociaciones ambientalistas.
La Reserva es el espacio protegido más grande de la ciudad de Buenos Aires.  Además, está a tiro de piedra del espacio álgido urbano, donde se concentra la mayor parte del poder económico, financiero y político de Argentina. Es un lugar de fácil acceso. Discurre en forma paralela a la antigua Costanera Sur, que se extendía entre la  Avenida Córdoba (al norte) y la Avenida Brasil (al sur). Esa avenida Costanera  (ahora lleva el nombre Intendente Hernán Giralt) hoy es un paseo invadido por puesto de comida al paso. Es decir, casi en la mitad de su recorrido no es paseo sino patio de comida. Los que elijan circular por ahí, poco tendrán del entorno natural adyacente y mucho de humo, olor de carne a la parrilla y otras cosas del arte culinario autóctono, además de puestos pequeños donde artesanos y otros que no lo son, ofrecen sus productos al turista ocasional.
También es un lugar de fácil acceso, porque este entorno natural se ha desarrollado junto al antiguo Puerto Madero. La costanera es una consecuencia de esta obra de ingeniería. El puerto se  terminó en 1898,  luego de 10 años de trabajo. Y quince años después, se pensó en aprovechar la estructura para construir un paseo paralelo. Así nació el paseo de la costanera que se inauguró en 1919. Fue un centro recreativo de gran convocatoria entre los porteños. No solo por la posibilidad del baño en el río, sino también porque dio lugar a la apertura de diversos locales donde por las tardes y noches se ofrecían espectáculos musicales y teatrales para amenizar las veladas de los paseantes. Esta costanera funcionó a pleno hasta mediados de la década de 1970. Y en los años ’80 su agonía fue lenta. El espacio que hoy conocemos como Reserva, había invadido por completo el paisaje de la costa porteña. El horizonte, ya no se veía desde la costanera, sino desde los bordes de este nuevo lugar semi salvaje  que crecía incontrolable frente a la ciudad.

Balneario y Costanera Sur. 1935 (AGBA) 





Así nació la Reserva 
La enciclopedia digitial Wikipedia da una explicación clara y sencilla de cómo surgió este lugar.
“Se encuentra en un gran terreno ganado al río, al rellenar una porción del mismo con los escombros de las demoliciones realizadas para la construcción de autopistas urbanas (como la Autopista 25 de Mayo) de la ciudad de Buenos Aires en las décadas de los 70 y 80. El proyecto original planteaba una avenida central o axial de oeste a este que sería la continuación de la avenida Rivadavia o de la Avenida de Mayo o ambas y un abanico de avenidas que se abriría aproximadamente desde el límite oriental de Puerto Madero y que concluirían en una avenida costanera semicircular. Entre estas avenidas se construirían edificios en torre”.
Pero la idea de un centro escindido de la ciudad, no tuvo en cuenta al enorme capacidad del río por acumular limo, raíces y plantas acuáticas que luego se  constituyen en bañados, que terminan siendo islas naturales. Así se fue construyendo desde siempre el delta del río Paraná, tributario del río de la Plata. Ese delta, hoy avanza lentamente sobre el área de origen de este río. Por lo tanto, cualquier barrera transversal al curso natural, era el elemento preciso que necesitaba el río para terminar su trabajo.
La Dictadura Militar 1976/83 fue reemplazada por el gobierno democrático de Raúl Alfonsín, tras la debacle nacional por la Guerra de las Malvinas (abril/junio 1982). Las arcas del Estado no estaban para mega obras, con el agravante de que los estudios técnicos indicaban que el “piso” del terreno era poco resistentes y  en constante transformación. El resultado fue que no hubo ninguna construcción y mientras tanto el rió y las aves fueron haciendo su trabajo natural.
En 1986 varias asociaciones ambientalistas piden que se declare la zona como área verde protegida. La propuesta es impulsada por la Fundación Vida Silvestre, Aves Argentinas y Amigos de la Tierra, entre otras. Y el 5 de junio de ese año,  el Concejo Deliberante de la ciudad (el parlamento municipal de entonces) declaró el sitio como Parque Natural y Zona de Reserva Ecológica. Hoy, el lugar es un gran humedal que ha sido declarado sitio RAMSAR (Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional, especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas).

Información básica
La Reserva tiene dos entradas. Uno a la altura de la calle Viamonte (por el norte) y otra en la avenida Brasil (por el sur), siendo esta la más concurrida los fines de semana. Aquí se encuentran instaladas, las dos ferias artesanales y los puestos de comida. El  conjunto escultórico Fuente Monumental Las Nereidas (de la artista tucumana Lola Mora) es una obra cumbre del arte argentino contemporáneo. Y se encuentra en la entrada al espigón de la antigua costanera y de la actual Reserva.
Originalmente los recorridos eran estrechos senderos que los voluntarios, que sostenían su desarrollo, le iban ganando a la vegetación. Pero luego de varios años de incendios provocados (probablemente por especuladores inmobiliarios) el gobierno municipal construyó caminos consolidados de ripio. Unos para la circulación de los visitantes, con cartelería indicando los riesgos y precauciones, y otros para el personal especializado en incendios con sus respectivos móviles.
La circunvalación tiene una extensión de 7,9 km. Pero una red de caminos interiores también permite hacer recorridos más cortos. El más sencillo tiene 2,2 km. Es el Camino de los Lagartos. Va desde la entrada de Brasil hasta la de Viamonte. Es una línea paralela a la Costanera, solo separada por la laguna de los coipos. Es un tramo arbolado, que forma una galería en la mayor parte de su recorrido. Es el camino más frecuentado por los visitantes.
Los runners, los corredores,  los senderistas y los aficionados al trekking siempre eligen el tramo más largo. Hacen el recorrido de derecha a izquierda, empezando por el camino del lado sur hasta llegar a la costa y seguir por el Camino de los Sauces, hasta el Punto de Encuentro. (una intersección sobre la costa del río, donde confluyen 4 caminos interiores). Luego empalman ese camino con la línea costera de juncales y ceibales, hasta el Camino de los Alisos que finaliza en la entrada de Viamonte. El recorrido completo incluye el tramo del  Camino de los Lagartos, antes comentado.












En el centro está la traza del Camino del Medio. En perspectiva, es como  una continuación de la calle Hipólito Irigoyen en el lado sur de la Plaza de Mayo. Este camino separa a dos de las cuatro lagunas existentes. La Laguna de los Patos (en el lado sur) y la Laguna de las Gaviotas (en el lado norte). La otra laguna de envergadura es la ya mencionada de los Coipos. Y  otra de menor dimensión  es la Laguna de los Macaes,  que poco a poco se va convirtiendo en un bañado.
En su interior, en el aspecto biológico y ambiental,  el lugar es el sitio de 314 variedades de aves, 23 especies de reptiles, 26 de peces, 14 de anfibios, y 19 especies  de mamíferos. Los aficionados a la botánica pueden encontrar 600 variedades de plantes y 44 de hongos. Y los entomólogos pueden encontrar hasta 850 especies de artrópodos.  
Una descripción más detallada de las variedades, van a encontrar en este enlace a Wikipedia y especialmente en el portal Reserva Ecológica Costanera Sur. Sus miembros se definen así: “Un grupo de observadores asiduos concurrentes a la reserva fueron los iniciadores de este proyecto. Varios objetivos los aglutinaban: dar a conocer la riquísima vida silvestre de Costanera Sur, difundir la observación de aves como una actividad recreativa y destacar la importancia de la conservación de la naturaleza”. 
También pueden encontrar información específica sobre variedades y especies animales y vegetales en BIORECS (El sitio de la diversidad biológica de la Reserva Ecológica Costanera Sur) y en este enlace del proyecto  Naturalist
La entrada es libre y gratuita. Solo las mascotas, y los vehículos a motor tienen cerrada la entrada. Está abierta de martes a domingos. Cierra los lunes por tareas de mantenimiento y los días de lluvia por seguridad. Los horarios en invierno (abril a octubre) son de 8 a 18 hs. Y en verano (noviembre a marzo) son de 8 a 19 horas.
También hay visitas guiadas varios días a la semana. Y suele  haber visitas algunos anocheceres de luna llena. Todas las  consultas sobre estas dudas y preguntas, las pueden resolver entrando al  área de turismo del portal del Gobierno de laCiudad.

Fotos: César Manuel Sarmiento y Balneario_Costanera_Sur_(Archivo_GCBA,_1935)
NOTA: Están disponibles  videos explicativos del recorrido en el Canal de You Tube El Jinete Imaginario. Son dos Listas de Reproducción con 10 y 9 videos respectivamente.


miércoles, 6 de marzo de 2019

SAN TELMO: A PESAR DE TODO


Es el barrio viejo de Buenos Aires. Va desde la barranca de Punta Catalina (extremo sureste del Parque Lezama) hasta el Zanjón de Granados (actual calle chile). Tiene 1.3 km cuadrados (0,5 millas cuadradas) y una población de alrededor de 26.000 habitantes. Es el barrio más pequeño de la ciudad y el más densamente poblado (20/km cuadrado). Junto al barrio de Monserrat que le sigue hasta la Plaza de Mayo, es al área fundacional de la ciudad. Lo que se conoce como el Casco Antiguo. Pero de nada le ha servido a ambos sitios para conservar el patrimonio. La voracidad inmobiliaria y la capacidad depredadora de restaurantes for export, lo tienen en la encrucijada de sostener su solera a pesar de todo.
La imagen es de la calle Estados Unidos, entre las trasversales Defensa y Bolívar. La toma está realizada a 200 metros del más conocido rincón del barrio: la Plaza Dorrego. Pero por mucho que insista la promoción turística,  el rincón que mejor se ha conservado y resistido los embates de la  nueva construcción, es esta calle en todo el trayecto que va desde el Bajo (antiguo límite del río de la Plata, hoy transformado en Av.  Paseo Colón) hasta la Av. 9 de Julio. Artería más conocida por ser la “autopista” de las manifestaciones que confluyen en el Obelisco, el Congreso Nacional o en la Plaza de Mayo.
El mérito del patrimonio cultural y arquitectónico que aquí se conserva, no es una obra gubernamental, sino una vocación de los vecinos y propietarios de estas viviendas. También ahora aparecen nuevos propietarios con vocación por remodelar, sosteniendo el pasado.
Conservar el adoquinado y las viejas vías del  tranvía fue un triunfo de los vecinos. Opusieron fuerte resistencia para impedir que el gobierno local lo reemplazara por un moderno asfalto, estilo autopista. Fue un combate del final de la primera década de este siglo. Y de paso, también se opusieron al reemplazo de las viejas farolas del siglo XIX por unas más contemporáneas de diseño, que tenían mucho de “modernosas”, antes que “de diseño”.
La calle Estados Unidos es un lugar apacible, un poco al margen de la vorágine de turistas que más bien revolotean por la Plaza Dorrego y las tiendas para “turistas” de la calle Defensa o de los escaparates de los locales de antigüedades que todavía le plantan batalla al avance de restaurantes. En la calle Estados Unidos, sobre todo los días de semana, se puede caminar y sentir el pulso del viejo barrio,  tal como era en tiempos de vecindad trabajadora, al margen de la agitación turística.
La calle Estados Unidos tiene además un “sol propio”. Justo al atardecer,  cuando se acaba el día, el sol elige el  oeste de la esta calle. En la última media hora de luz intensa, el sol desciende lentamente en línea con la calle. Es la única donde se ve el globo amarillento rojizo descender casi en línea recta. En contraste con los árboles, las sombras, los claro oscuros y el contraluz se proyectan sobre el empedrado.  

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Foto: ©sarmiento-cms 

jueves, 28 de febrero de 2019

LA ARTISTA ADOLESCENTE

¿Tendrá 15 años? Tal vez. Quizá menos. Pero tiene una habilidad musical como un baterista de muchos escenarios en la vida. Se  acompaña con una grabación que apenas se escucha, desde un equipo elemental que controla quien tal vez su madre que - por cierto - está embarazada.
¿Es esta su vocación? ¿Es ella ahora mismo un artista? No lo sé. Por el momento es su trabajo diario en la esquina de Florida y Viamonte en el centro de Buenos Aires. Seguramente la han corrido los más artistas callejeros más grandes de la Av. Córdoba y Florida (mucho más concurrida) o los tangueros de Lavalle y Florida (esquina hiper concurrida). Pero aunque no es de las mejores esquinas, ella ha logrado crear un público fiel y generoso, que la sigue diariamente al menos unos minutos. Y por supuesto, deja su contribución.
¿Qué sucederá con ella más adelante? Es un misterio. Porque en las horas en que debería estar escolarizada, esta niña/adolescente/mujer está trabajando de artista callejera. Sin duda no tiene otra salida. No sabemos sus posibilidades de futuro. Pero queremos imaginar que seguirá progresando en su capacidad técnica, que aparecerá su caudal artìstico y un día - no sé cuándo - la veamos en algunos de los grandes escenarios del rock o del blues.
Buenos Aires, como muchas otras ciudades, tiene un ejército bien pertrechado de músicos que ocupan los huecos  de los espacios más concurridos y transitados.  Algunos grandes músicos empezaron en las calles. El ejemplo más famoso es el de Edith Piaf en un barrio marginal de Paris. En el panorama autóctono, tenemos a Raúl Barbosa quien cansado del ninguneo de la industria cultural local, emigró a Francia. Pero los primeros meses no fueron pródigos en contratos  en teatros y locales, entonces se mudó con su  acordeón chamamecero y litoraleño a las calles de París. Luego, claro, el éxito se dio por vía natural: su talento lo amerita.

Esta  niña/adolescente/ mujer hoy no tiene nombre. No importa que yo escriba que se llama María, Ayelen, Marcela o Karina. Porque  ella es una de las tantas niñas/adolescentes/mujer que viven  en los grandes centros urbanos argentinos, a donde la miseria se instaló hace muchos años y no está dispuesta a irse. Ella hoy es una representación de una generación de argentinos que nació sin oportunidades. Muchos terminarán en la droga y su vida será in justamente corta. Otros permanecerán en la miseria hasta el fin de sus días. Ella  - igual que algunos pocos – eligió una tangente: la de expresarse a través de la música. Otros eligen el fútbol como vía milagrosa. Ella se decidió por el arte. Aunque tal vez todavía no sepa los elementos complejos de la expresión artística, porque su formación no le alcance para saberlos. Pero el empeño que muestra en cada golpe s obre los parches de su batería, indican o preferimos pensar que llegará lejos. 
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martes, 26 de febrero de 2019

EL VIEJO ESTILO EN EL 639 DE LA CALLE ESTADOS UNIDOS


Los barrios de San Telmo y Montserrat, son los sitios fundacionales de la ciudad de Buenos Aires. Son los lugares donde también se verifica el poco apego al patrimonio histórico cultural que han tenido y tienen las autoridades nacionales y de la ciudad. Esa vocación se perdió. Se terminó aproximadamente al comienzo de los años ‘50 del siglo pasado. En los años ‘40 se extinguió la última generación de la oligarquía liberal, ilustrada y positivista que le dio forma a Argentina y a  la ciudad. A partir de ese momento, todo fue picota, destrucción y abandono del patrimonio.
Bajo el pretexto de modernizar la ciudad, aún hoy se sigue autorizando la demolición de edificios y casas que fueron orgullo de la arquitectura de Buenos Aires. Poco a poco se le ha ido quitando identidad. No solo a la ciudad, sino también  a las nuevas generaciones que han crecido en  medio de edificios planos, cargados de vidrio y aluminio, con un mal gusto o desprecio absoluto por el diseño.
La calle Estados Unidos (desde el comienzo hasta la Av. 9 de Julio) conserva viviendas de diferentes épocas. Todas ellas se mantienen por vocación particular de sus propietarios. Aunque va creciendo en los últimos 10 años, una costumbre o moda, de comprar viejas casas en los viejos barrios para reciclarlas e intentar recuperar su tradicional aspecto.  Eso está ocurriendo, no solo en San Telmo y Montserrat, sino también en la zona este del barrio de Barracas y en el viejo Palermo, aunque hoy tengo nombres tan exóticos y traídos de los pelos como “Palermo Soho” o “Palermo Hollywwod” o “Palermo Queen”.

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Imagen: ©sarmiento-cms