martes, 24 de julio de 2018

NO HAY PROTESTA SIN CHORIPÁN


Choripán es el acrónimo de chorizo y pan. Es  un simple sándwich  o bocadillo o emparedado, pero al mismo tiempo no es nada de eso. Es un chorizo crudo compuesto por un 70% de carne v acuna y un 30% de cerdo – debidamente sazonada y estacionada antes de armar la tripa – que , una vez asado, se come en un pan partido al medio. Puede llevar una salsa que los argentinos llaman Chimichurri (orégano, ají molido, ajo, perejil, cebollas y pimiento muy picado) o nada. Pero el verdadero sentido simbólico de esta comida popular, es que se convirtió en  un ícono de los sectores populares en las protestas callejeras, eventos deportivos o simples salidas camperas. Originado a mediados del siglo XIX, con la explosión de la explotación ganadera, hoy es un componente cultural básico de las costumbres populares.






Todos los pueblos presumen de originales a la hora de explicar su gastronomía y Argentina no podía ser diferente. Por eso, si usted pregunta en cualquier calle, de cualquier pueblo o ciudad, rápidamente le dirán que el Choripán  es un invento argentino, igual que el asado. Pero esta comida con aspecto de sándwich, emparedado o bocadillo no exige demasiadas artes culinarias. No es más que un chorizo colocado en el interior de un pan francés partido al medio, que puede llevar aderezos o no.

No es el único lugar donde se come. También es común en Chile, Uruguay, Bolivia, Paraguay y el sur de Brasil. Incluso hay versiones similares en Colombia, Venezuela y Cuba. Choripán  es un acrónimo formado por las palabras chorizo y pan. Incluso en términos corrientes y urgentes, la gente lo llama simplemente Chori. También ese es el nombre particular  con el que lo vocean los vendedores en cualquier concentración social, de cualquier tipo, en todas las ciudades y pueblos de Argentina.

Se trata del denominado chorizo Criollo o Parrillero¸ que tiene una consistencia blanda puesto que está crudo y sin estacionar. Lleva alrededor de un 70% de carne vacuna y un 30% de carne de cerdo, aunque las proporciones y tipo de corte corresponden más bien a la receta o inventiva del carnicero que los haga. Se elabora una pasta con diversos condimentos cuya composición depende del fabricante, pero que básicamente se compone de tomillo, comino, pimentón y algo de ají molido o pimienta y sal. Tiene más cosas, pero depende del charcutero. Se lo suele dejar estacionar de 24 a 48 horas y luego se rellena de una tripa de vacuno y se ata en tramos de 10 a 15 cm aproximadamente, que es el tamaño específico del chorizo. Hacer un Choripán es solo cuestión de asarlo a la parrilla, preferentemente a leña, y luego colocarlo en el pan. El comensal le colocará los aderezos que más les guste. Lo tradicional y riguroso es la sala Chimichurri, que se compone de aceite, orégano,  ají molido, perejil, ajo, cebolla y pimiento verde y rojo picado muy pequeño. Hay quien le pone mostaza o salsa mayonesa, pero eso entra en la categoría popular de sacrilegio.




Un signo reconocido mundialmente de Argentina es su carne. No es que haya en todo el territorio, pero la extensa llanura pampeana (la denominada Pampa Húmeda) que abarca la provincia de Buenos Aires, centro y sur de Santa Fe y Córdoba y el este de la provincia de La Pampa, alcanzaron a los largo de 222 años de independencia como país, para garantizarle una producción de carne como para  inundar los mercados europeos entre mediados del siglo XIX y la mitad del siglo XX. El Asado Criollo (hecho a leña con la media res de ternera colocada en una parrilla vertical) es el plato nacional del país y un factor de orgullo generalizado. El Choripán  es el “hermano menor” dentro de esa gastronomía cárnica. Pero con los años – desde la década de 1960 en adelante – este sencillo método de comer carne, adquirió la categoría de seña de identidad de los sectores populares argentinos.

Las sucesivas y sistemáticas crisis económicas argentinas  (que golpean con dureza a la población de menores recursos) hizo que, en ciertas épocas, acceder  a una parrillada de carne variada y generosa en cantidad fuera casi prohibitivo. Entonces fue ganado terreno la costumbre de “al menos” juntarse en una casa, un  centro de recreo, a la vera de un río o laguna o cualquier lugar abierto (preferentemente arbolado) para comer – “aunque más no sea” – una buena cantidad de chorizos asados a la parrilla, acompañados con pan. Una fórmula que llena rápido y bien, las necesidades de hambre. Y  permite una jornada de distención con la fantasía de haber comido un generoso asado.




En la década de 1950 se generalizó su consumo en los alrededores de los canchas de futbol, antes y después de los partidos. Más tarde se hizo habitué en los alrededores de otros eventos deportivos y recitales musicales. Pero fue hasta finales de la década de 1960 – cuando se intensificó la protesta y efervescencia social de la década – que el Choripán recién ganó un puesto de honor en las calles, junto a banderas, bombos, cornetas y manifestantes. Simultáneamente, su consumo empezó a tener una connotación cultural e ideológica. Las organizaciones sociales y  partidos  representativos de los sectores populares, lo adoptaron como el menú básico de encuentros y reuniones. Ninguna convocatoria partidaria o de grupo social podía estar completa si no incluía el reparto o venta de Choripán. Luego, el menú pasó a ser protagonista en las calles junto a los manifestantes. Sus vendedores, son tan expertos como los más antiguos manifestantes, ante las cargas policiales: saben salvar el pellejo además de los utensilios. Las largas distancias que separan las barriadas obreras del  conurbano de la Ciudad de Buenos Aires y su Plaza de Mayo (centro obligado de los reclamos) hicieron del Choripán la comida de emergencia, rápida, sabrosa y festiva con que se la identifica hoy.
 
El Choripán no es un invento argentino, tal como lo reconoce la gente y  se promociona en las cartas de los mejores restaurantes de Buenos Aires para turistas. Pero el componente cultural sí lo es. Una reunión de amigos, una cena de compañeros de trabajo, una fiesta de estudiantes no es tal, si no hay una buena ración de Choripán. Reunirse alrededor de un fuego a  comer Choripán es toda una definición del lugar que se ocupa en la sociedad o al que se quiere pertenecer. Su protagonismo en las protestas o manifestaciones sociales y políticas de cualquier tipo es indudable. El Choripán es omnipresente en todos esos casos. Una protesta sin ese bocado no es una protesta. Su reinado en la gastronomía callejera de la protesta es indiscutible. Y tiene vida para rato

Gelería de Imágenes en Flickr

Fotos: ©sarmiento-cms

lunes, 16 de julio de 2018

BUENOS AIRES, CIELO Y NAVÍO


Un Encuentro Internacional de Grandes Veleros en el Puerto de Buenos Aires. Fue en el año 2010, en ocasión del Bicentenario de la Revolución de Mayo, que dio origen al primer gobierno patrio de Argentina. Todos esos grandes veleros se corresponden en rigor, a buques escuela o de formación de oficiales de las armadas de diversos países. Así que ahí se pudo ver a las fragatas Libertad de Argentina, Juan Sebastián Elcano de España, Esperanza de Chile, Simón Bolívar de Venezuela, Gloria de Colombia, Capitán Miranda de Uruguay o Cuauhtémoc de México. Desde la punta del espigón norte de la Dársena Norte del viejo Puerto Madero se pueden tener una buena vista del atardecer porteño.



El puerto de  Buenos Aires está ubicado en un lugar cuyas características son las peores para construir un puerto. Es algo así como un No Puerto que se mantiene en base a dragados permanentes que barren el limo del fondo del lecho para evitar que se formen bancos de arena y barro. El canal principal del Río de la Plata está del lado que corresponde a la República Oriental del Uruguay, es decir al norte. Una distancia de varios kilómetros de Buenos Aires. Porque como saben, este río es un enorme estuario que comienza en la unión o desembocadura de los ríos Uruguay y  Paraná, que traen las aguas del noreste y Mesopotamia argentina. Zona húmeda, de gran vegetación y cuyos ríos se caracterizan por el abundante  limo que arrastran en su circulación.

El Río de la Plata del lado de la ciudad de Buenos Aires, tiene escasa profundidad. En verdad es la continuación de la enorme planicie pampeana o bonaerense (como prefieran) que se sumerge. Si  no se dragara, las playas lacustres de la ciudad podrían tener varios kilómetros río adentro. El ancho del río es variable, según avanza en dirección al océano Atlántico. En el comienzo es de 25 km y en su desembocadura llega a los 209 km. No es un río normal. Es el más ancho del mundo. Tiene una extensión relativamente corta para ser uno de los ríos más grandes del mundo. Solo 320 km de largo, pero cubre (debido a su ancho) una superficie similar a Bélgica. Para muchos geógrafos, este no es un río, sino un golfo o un  mar marginal del Atlántico. Pero de mar tiene poco ya su salinidad es apenas una quinta parte de la normal en los mares. Y se debe fundamentalmente al reflujo permanente entre el agua dulce que recibe y la introducción de las corrientes marinas en su cauce.

Pero como decía, el principal problema para instalar un puerto en la margen sur (donde fue fundada Buenos Aires) son los sedimentos que arrastra. Cada año, son transportados hasta su cauce unos 160 millones de toneladas de sedimentos, que están compuestos por limo (56%), arcilla (28%) y arena (16%). De toda esa carga, el 90% viaja en suspensión. Y a todo eso hay que agregarle que, en el propio fondo del cauce, se arrastran unos 15 millones de toneladas de arena gruesa. Por todo eso, hay que dragar en forma constante el río para poder darle profundidad al puerto y poder recibir los barcos que ilustran esta nota.



El Puerto siempre fue un problema


Nunca sabremos por qué Pedro de Mendoza en 1536 y Juan de Garay en 1580 (las dos fundaciones de Buenos Aires) decidieron instalar el asentamiento en un lugar a donde para llegar,  debían remar varios kilómetros en sus botes y chalupas, desde los navíos hasta la costa. No lo de dejaron escrito. Así que podríamos suponer que se vieron seducidos por el abrigo que les podía dar la desembocadura del Riachuelo en el Río de la Plata y la barranca de Santa Catalina (hoy Parque Lezama y los Altos de San Telmo). Pero desde su nacimiento, la ciudad no tuvo puerto adecuado para que los barcos pudieran cargar y descargar sus mercancías. Mucho menos pasajeros.
Cincuenta años después de la independencia argentina, la ciudad construyó lo que podría llamarse el primer puerto. En 1860 se colocaron dos largos muelles que se introducían en el río. Uno para pasajeros y otro para carga. El primero se encontraba a la altura de la actual calle Sarmiento y el segundo, detrás de la Casa Rosada. Este, era casi una extensión del edificio semicircular de la Aduana construida por el ingeniero Edward Taylor en 1857.

Esta construcción efectiva pero limitada, fue rápidamente superada por el desarrollo agroexportador de la Argentina del último cuarto del siglo XIX. En 1882, el presidente Julio A Roca le encargó al comerciante Eduardo Madero (sobrino de su vicepresidente) la tarea de construir un nuevo puerto. El proyecto de Madero en realidad era del estudio de ingenieros Hawkshaw, Son & Hayter, una empresa británica. El puerto resultó ser una serie de diques (4 en total) con dos dársenas,  una en cada extremo. Pero el sistema presentó graves problemas desde su comienzo. El limo que arrastra el río provocaba que esos diques se quedaran sin calado rápidamente. Y los barcos de carga no podías ingresar porque encallaban. En pocos años, este puerto fue reemplazado por la propuesta del ingeniero Luis A Huergo (primero en lograr ese título en Argentina y primer presidente de la Sociedad Científica Argentina) que en lugar de diques, estaba formado por una 7 dársenas colocadas en forma perpendicular a la costa, con una escollera que lo recorría longitudinalmente en forma paralela. El proyecto de Huergo, era precisamente el que había perdido el concurso en favor de la propuesta de Madero. Ese es el puerto que hoy permanece activo y que se lo conoce vulgarmente como Puerto Nuevo, a   pesar del siglo de existencia.



El viejo puerto o Puerto Madero (como se lo conoce hoy) quedó activo solo en los muelles. Sus amplios depósitos albergaron despachos de correos, aduana y varias empresas exportadores. Pero los barcos amarraban en el Puerto Nuevo. Hoy, toda esa zona es un barrio de viviendas residenciales, oficinas, restaurantes y negocios de alto nivel. Puerto Madero es uno de las principales zonas  turísticas de la ciudad. Lo único que quedó activo desde su construcción,   fueron las dársenas Sur y Norte. En esta última es precisamente donde amarraron los 15 grandes veleros (pertenecientes en su totalidad a las armadas de sus respectivos países) que se dieron cita en Buenos Aires,  en el mes de mayo de 2010, para celebrar los 200 años de la primera proclama revolucionaria y de independencia de Argentina. La razón por la que la amarra se hizo ahí y no en otro lado, es que la Darse Norte del viejo Puerto Madero es la “casa” del buque insignia de la Armada Argentina, la fragata Libertad. En el Apostadero Naval Dársena Norte está el comando en tierra del buque escuela donde se cursa el último año de la carrera de oficiales, generalmente con un viaje transoceánico que suele ser una vuelta al mundo.  

Fotos ©sarmiento-cms



miércoles, 4 de julio de 2018

PLAZA DE MAYO – NOCTURNO


La plaza de Mayo de Buenos Aires es el diapasón de todas las quejas y reclamos de los argentinos. También lo es de las alegrías y de todas las pasiones. Fue el recinto privilegiado durante la época de la Colonia, donde se cruzaban el Virrey, los mercaderes, los vecinos ilustrados y los nuevos hacendados. Hoy es un lugar amplio por donde circulan cada día millones de personas. Es un lugar frenético que a eso de las 8 de la tarde/noche empieza a entrar en calma, para terminar luego en una soledad profunda custodiada por los servicios de seguridad que controlan los bancos, la Catedral, la Casa Rosas y el edificio de la antigua sede del gobierno de la Ciudad.




Por aquí circulan millones de personas a diario. Porque a los casi tres millones de habitantes que tiene la ciudad de Buenos Aires,  hay que sumarle el triple de gente que se incorpora de lunes a viernes, entre las 6 de la mañana y las 7 de la tarde. Es correcto hablar de millones en esta plaza. Porque el sentido centralizado de la administración nacional y la vida empresaria, hacen que en esta plaza confluyan 3 de las 6 líneas del transporte subterráneo, además de decenas de líneas de colectivos que la atraviesan o concluyen su trayecto.

También es el punto neurálgico de la vida financiera, sede de la casa central del Banco de la Nación Argentina y vértice sur de la “City Porteña”,  donde se cuecen todos los arreglos económicos del país. Todo eso, sin contar que está la Catedral principal y la Casa Rosada o Casa de Gobierno, sede del gobierno nacional. 




Esta es una vista del fin del día, cuando el Cabildo de la ciudad (o lo que queda de él, ahora museo) se ilumina por completo, al igual que la Avenida de Mayo que confluye en el Congreso Nacional. Entre las sombras, trabajadores anónimos regresan a sus casas, recién salidos de alguna de las oficinas que rodean esta plaza. Entre las 7 de la tarde y las 9 de la noche, la plaza vive el proceso inverso de la mañana. Millones de personas la abandonan para regresar al día siguiente.


Galería de imágenes en Flickr

Notas relacionadas: NUESTRO“MURO DE BERLÍN”

lunes, 14 de mayo de 2018

ANTIGUA FÁBRICA DE BIZCOCHOS CANALE


Hoy se llama Palacio Lezama, pero durante un siglo fue la Fábrica de Bizcochos Canale. En el número 320 de la Avenida Martín García todavía está el cartel que dice “Entrada de Obreros”. Y el 326 está la entrada principal como en los viejos tiempos. Solo que ahora es el ingreso a las oficinas de 3 ministerios del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El Edificio Canale forma parte del patrimonio histórico industrial de Argentina y un punto clave en la arquitectura de  la ciudad de Buenos Aires, al estar localizado en el vértice que une los barrios de La Boca, San Telmo y Barracas.

Pocas empresas en el imaginario popular concentran la idea de nacionalidad como los Bizcochos Canale. Podría citar al polvo para hornear Royal, las alpargatas de la Fábrica Argentina de Alpargatas, los autos Rastrojero y Torino y poco más. Son marcas de la empresa privada argentina, de los tiempos en los que la empresa privada tenía alguna idea de nacionalidad. Un sentido que se contrapone con el paradigma de estos tiempos, en los que parece que vender o asociarse al capital internacional es el “futuro”. 
La fábrica de Bizcochos Canale también es la muestra casi perfecta de una empresa que se hace de la nada, por un inmigrante que no tenía nada cuando llegó al Río de la Plata. Deberíamos tener en cuenta que toda la inmigración que recibió Argentina entre los años 1870 y 1914, llegó con la promesa de acceder a tierras cultivables y un futuro de campesino próspero en pocos años. Pero nada de eso era cierto y – con suerte – podía acceder a un arrendamiento de tierras a un costo altísimo. Lo normal era que terminara formando parte de la peonada. En el marco de esta fantasía frustrada, se produce la alta concentración de inmigrantes en los centros urbanos. Uno de ellos era el Sr Canale, como se lo conoció años después de su éxito a José Canale, un genovés que se instaló en el barrio de San Telmo, a diferencia de sus coterráneos que se afincaron en el barrio de La Boca.  Canale llegó al puerto de Buenos Aires con algunos conocimientos de panadería y una receta casera de unos bizcochos que luego lo harían rico, famoso y casi un emblema de argentino emprendedor.
En 1875 instaló un negocio de elaboración y venta de pan en la esquina de las calles Defensa y Cochabamba, en el barrio de San Telmo. Ese es el origen del posterior negocio familiar que tuvo muchas derivaciones, fabricando pastas secas, dulces y mermeladas, encurtidos, conservas y años más tarde elaborando vinos. En todas las áreas en que incursionó este equipo empresario familiar fue exitoso. Tuvo el mérito también, de haber sido uno de los primeros emprendimientos que entendió a la perfección, el valor de la publicidad realizada de manera constante y en los lugares claves.
Aunque Canale murió joven (en 1888, a los 44 años) el negocio siguió su crecimiento bajo la batuta de su viuda, Blanca Vaccaro, que con sus 5 hijos formó el equipo familiar para el desarrollo posterior. En 1890 importaron las primeras máquinas para la producción industrial en gran escala de sus bizcochos y panes dulces.  En 1901 se presentan en sociedad los bizcochos tal como se los conoce hoy. Tuvieron un gran impacto. Porque era el primer producto de panificación, fabricado en el país, que podía competir con cierto éxito ante las galletas importadas de Inglaterra y Francia. Las únicas en su tipo en el comienzo del siglo XX.
En 1910  el crecimiento comercial tiene cierta magnitud y su consecuencia es la construcción de una planta industrial, con una infraestructura que supere el negocio de tipo familiar del barrio de San Telmo. Se instalan en una planta en la calle Patagones 123 y en apenas tres años, la producción exige otro espacio mayor. Construyen entonces el edificio de la avenida Martín García 320 al 364. Un predio de más de 100 metros de largo por 70 de profundidad, que comienza su funcionamiento con la mejor tecnología de la época. La obra es dirigida por Amadeo, Julio y Humberto Canale, este último ingeniero civil y único universitario de los 5 hijos de José Canale.   

La fábrica de Bizcochos Canale hacia 1925
A los largo del siglo XX, la empresa lanzó una serie de productos que forman parte del imaginario popular en material de alimentación, Son marcas que todavía existen porque han logrado tener vida propia más allá de quién sea el fabricante. La marca y la fórmula de elaboración garantizan ventas seguras. Es el caso de los bizcochos, las conservas, las mermeladas y la galletitas Cerealitas.
En 1985 la planta industrial sufrió un incendio que afectó seriamente el material industrial instalado. Esto produjo algunos problemas financieros en la estructura de la empresa. El resultado fue que la familia Canale se terminó retirando del negocio. En 1994 fue adquirida por la empresa SOCMA (propiedad de la familia Macri) que poco hizo por la sobrevivencia de la empresa y de  la marca, hasta que en 1999 la internacional Nabisco adquiere en una sola operación la empresa Canale y Terrabusi, quedándose prácticamente con el monopolio del negocio en materia de galletas.
Nabisco, cuyas intenciones era hacer pie en el Mercosur, trasladó casi toda su producción a Brasil y las instalaciones tradicionales de ambas fábricas quedaron paralizadas. Alrededor de 10 años estuvo vacío este edificio que hoy luce como en sus mejores tiempos. En el año 2006, la 23ª edición de la muestra de diseño y arquitectura de la Fundación Oftalmológica Argentina se hizo en este edificio para marcar el punta de partida de un proceso de revitalización de los barrios tradicionales de San Telmo, La Boca y Barracas. Es la primera gran recuperación de la estructura arquitectónica. La muestra fue un éxito de público, de ideas y aportes profesionales y de interés empresario. Entre los años 2012 y 2014 un emprendimiento particular le agregó dos plantas más, vidriadas, con el fin de explotarlas como centro de oficinas.

Pero fue el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires quien finalmente se quedó con el edificio. En el 2014 le encargó al Estudio Mc Cormack la realización de un proyecto que se llamó “Edificio Canale”.  La obra  estuvo a cargo de  la arq Emilce Argüello y de la constructora LUMI Construcciones SA.  Actualmente funcionan los ministerios de Modernización e Innovación, Espacio y Ambiente Público, Desarrollo Urbano y Transporte y otros organismos del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
La realidad hoy indica que se recuperó un edificio importante del patrimonio histórico industrial de Argentina, al tiempo que se revitalizó notablemente un área de la ciudad que estaba claramente rezagada en su desarrollo. El Parque Lezama tiene ahora en su flanco sur una perspectiva más amigable y las calles aledañas de lo que hoy se conoce como Palacio Lezama  han tomado un ritmo comercial mucho más intenso.
Fotos: ©sarmiento-cms
Foto antigua: edición de la revista Caras y Carteas.

GALERÍA DE IMAGENES EN FLICKR

lunes, 7 de mayo de 2018

PARQUE LEZAMA: UNA HISTORIA DENTRO DE OTRA HISTORIA (3º Nota)


En la 1º nota y 2ºnota se hizo un recorrido por la historia cronológica y los avatares que desembocaron en la creación del parque como espacio público, en la última década del siglo XIX. En ese proceso se fueron gestando otras historias que han tenido su correlato en diversas expresiones artísticas. Algunas de ellas se materializaron en los 76.500 metros cuadrados que tiene el espacio. Otras dieron lugar a obras literarias y canciones. En esta nota haremos un recorrido por esa parte de la historia del Parque Lezama y su entorno más directo como el Bar Británico. Esta es la tercera y última nota sobre este espacio tan particular de Buenos Aires. 





Desde que Gregorio Lezama decidiera convertir el jardín de su quinta en un lugar donde acumularía obras de arte, el parque estuvo marcado por esa impronta artística. Son muchos los casos de autores que hacen referencia al sitio. El más conocido es la novela Sobre Héroes y Tumbas, de Ernesto Sábato que empieza así:

Un sábado de mayo de 1953, dos años antes de los acontecimientos de Barracas, un muchacho alto y encorvado caminaba por uno de los senderos del parque Lezama. Se sentó en un banco, cerca de la estatua de Ceres, y permaneció sin hacer nada, abandonado a sus pensamientos (…)

No es el único trabajo de Sábato que tiene que ver con el Parque Lezama. Pero es el único en el que lo menciona explícitamente. Una buena parte de su obra la escribió en el parque y en al Bar Británico o el restaurante Lezama, ambos sobre la calle Brasil. “Por la Esperanza” fue uno de sus últimos trabajos. Una carta a los jóvenes que le encargó la revista La Maga en el año 1995, en pleno furor neoliberal de menemismo. En un homenaje que le hicieron vecinos, periodistas y amantes de literatura del barrio de San Telmo, Sábato contó que esa carta a los jóvenes la escribió en la mesa del Bar Británico que está en el vértice de la pared y la ventana que da sobre la calle Brasil. “Mientras miraba el parque Lezama que tantos recuerdo me trae de juventud”.  En ese mismo homenaje, en que se colocó una placa en la esquina del parque de Defensa y Brasil, contó que buena parte del libro mencionado fue escrito en la mesa del restaurante Lezama (sobre la calle Brasil) que está junto a la ventana derecha. “Me gustaba escribir acá por las mañanas porque no había casi gente y tenía el parque enfrente”, les dijo a quienes asistieron al homenaje mientas muchos seguidores aprovechaban para fotografiarse en el lugar junto al escritor que ya tenía más de 80 años.

María Elena Walsh y Horacio Ferrer escribieron también en el Bar Británico. El segundo mucho más que la primera ya que era habitué del lugar. Pero la música y poetisa dejó testimonio del parque en el Vals Municipal. Una estrofa de esta  famosa canción, traducida a varios idiomas y cantada por todo el mundo, dice:
Es un chico que piensa en inglés
y una vieja nostalgia en gallego.
Es el tiempo tirado en cafés
y es memoria en la Plaza Dorrego.
Es un pájaro y un vendedor
que rezongan con fe provinciana.
Y también es morirse de amor
un otoño en el Parque Lezama.

Al igual que Ernesto Sábato, el poeta Baldomero Fernández Moreno era visitante constante del parque. Y escribió en 1941 un poema cuyo título es precisamente Parque Lezama. Fernández Moreno vivía en la Av. de Mayo al 1100, en el edificio contiguo al Hotel Castelar. Varias veces a la semana se trasladaba hasta el parque para escribir. Solía hacerlo en  e l Bar Británico o en el actual Hipopótamos, también un bar notable de la ciudad que está justo en frente. La última estrofa del poema los menciona indirectamente:

Patricio, enhiesto parque de Lezama
cortado y recortado a mi deseo,
verdinegro por donde te mirase
salvo el halo de oro del Museo:
desde un bar arco iris te saludo
ahito de café y melancolía,
dejo en la silla próxima una rosa
y digo tu elegía y mi elegía

La novela Amalia de José Mármol es un clásico de la literatura argentina y más precisamente del romanticismo. Gran parte de la historia se desarrolla en el parque y sus alrededores, solo que en 1851 ese lugar de la ciudad todavía no era el Parque Lezama.  Así Marmol se refiere al actual mirador que está en la punta de la barranca que da a la esquina de Paseo Colón y Martín García como Punta Catalina  y a la calle Defensa, entre Brasil y Martín García, como “Al cabo de seiscientos pasos, la callejuela da salía a la empinada y solitaria barranca de Marcó, cuya pendiente rápida y estrechísimas sendas causan temor de día mismo a los que se dirigen a Barracas, que prefieren la barranca empedrada de Brown o la de Balcarce, antes que bajar por aquel medio precipicio, especialmente si el terreno está húmedo”.




ESCULTURAS, ORNAMENTOS Y BUENA ARQUITECTURA

José Gregorio Lezama modificó completamente el lugar. No quedaron rastros del paisaje que se describía en la  novela Amalia. La barranca de  Balcarce ya no cruzaba el entorno y se mantenía la Punta Catalina como gran espacio para disfrutar el río hasta el horizonte. Construyó una gran casa de estilo italiano sobre La Barranca de Marcó (actual calle Defensa) que dejó de ser ese lugar resbaladizo y empinado como un precipicio que describía José Mármol. Y rodeo la pequeña mansión con un amplio parque cargado de árboles entre los que se destacaban los olmos, las acacias, magnolias, tilos y otras especies exóticas como el ficus de la India.

La construcción se caracterizaba por amplios salones techados de artesonados de maderas y puertas labradas y laqueadas en algunos casos. Una amplia galería con grandes arcos se extendía por todo el frente. Que estaba adornado con hornacinas, copones y pequeñas estatuas. Las paredes habían sido decoradas por   al artista uruguayo León Pallejá.  La casa de los Lezama es desde   sede del Museo Histórico Nacional.

La transformación del parque en espacio público en 1894 vino acompañada de varios cambios. Uno de ellos fue un nuevo diseño paisajístico a cargo de Carlos Thays, el arquitecto y paisajista francés que había sido nombrado Director de Parques y Paseos de Buenos Aires 3 años antes. Thays introduce en el parque las Tipas, variedad de árboles autóctonos del norte argentino. También traza nuevos caminos e impone el grutesco en las escalinatas que dan a la barranca sobre el río, hoy Paseo Colón, y que se conservan parcialmente. También es suyo el diseño del mirador de la antigua Punta Catalina.

Pero los cambios más llamativos fueron el anfiteatro sobre la calle Brasil y el rosedal que se puso en la parte llana de la barranca que da sobre la Av. Martín García, lugar que se conoce hoy como La Pradera. A lo largo de esa avenida se montó una inmensa pérgola con diversas plantas enredaderas. Esta glorieta que se extendía desde la calle Defensa hasta Paseo Colón, también albergó una pista de patinaje.  Hacia el primer quinquenio del siglo pasado, el parque contaba con diferentes atracciones como un tren para los niños, una calesita (aún funciona sobre la calle Defensa), un pequeño lago artificial, el teatro al aire libre, un circo y el restaurante El Ponisio.

Todos los cambios producidos en el parque son consecuencia de la primera idea artística y paisajística de Gregorio Lezama. Bien es cierto que la mayoría de las intervenciones fueron para empeorar y no para conservar, salvo la gestión de Carlos Thays que dotó al espacio de la fortaleza necesaria para mantener el espíritu artístico a un lugar que paulatinamente iba a ser ocupado por gente diversa en uso público.

Un punto destacado de la época familiar de los Lezama es el templete de influencia grecorromana, en cuyo centro hay una estatua de Diana Fugitiva o Siringa. Y en el camino de acceso al pequeño recinto, en los laterales están las figuras evocativas de El Invierno, La Vid, La Primavera y Palas Atenea. En la actualidad (según el Arcón de Buenos Aires) “solo queda una sola de las estatuas originales de la casa Lezama: La Primavera. La mayoría de las estatuas originales y maceteros sufrieron mucho deterioro cuando el Parque se transformó en paseo público. Gradualmente fueron dadas de baja o llevadas a restaurar, luego de lo cual fueron instaladas en otros lugares”.




Del viejo parque de la familia Lezama queda el paseo de las Palmeras con sus hileras laterales de copones de mármol de Carrara, montadas sobre plintos labrados con motivos griegos. Faltan cinco de esas piezas ornamentales, que fueron robadas y no precisamente por indigentes. Quienes las llevaron conocían perfectamente el valor de lo que sustraían. Hoy fueron reemplazadas por piezas idénticas en cemento.

El parque fue un lugar privilegiado para albergar regalos en ocasión del Centenario de la Revolución de Mayo. Actualmente se encuentran el Cruceiro, regalo de la comunidad gallega en la Argentina, la Loba Romana o Loba Capitolina, presente de la ciudad de Roma a Buenos Aires, con las figuras de Rómulo y Remo que originalmente fueron en bronce y ahora son de cemento producto del robo de las originales. Pero el monumento más importante de esos acontecimiento es el regalo de la ciudad de Montevideo en 1936, en ocasión del 4º centenario de la 1º fundación de Buenos Aires. Se llama Monumento a la Cordialidad Internacional  y es obra del escultor Antonio Pena y el arquitecto Julio Villamajó. Está ubicado sobre la Avenida Martín García.

Pero el monumento que sin duda la bienvenida a los turistas es el de Don Pedro de Mendoza, situado en la esquina de las calles Defensa y Brasil. Es obra del escultor Juan Carlos Oliva Navarro y fue inaugurado el 23 de junio de 1937.

Finalmente hay que destacar la fuente y gruta ubicada en la esquina de Brasil y Paseo Colón, inaugurada en 1931. A la fuente se la conoce como Fuente du Val D’Osne. El Valle de Osne fue un lugar de gran prestigio en la fundición de obras de arte para todo el mundo. Lo que vemos hoy en la hornacina son las figuras de Néyade y Neptuno, ambas forman parte de una escultura mayor, cuyas partes están repartidas en distintas espacio de la ciudad.

En el Museo Histórico Nacional se exhiben hoy más de 50.000 piezas relacionadas con la historia de Argentina,  que abarcan el período colonial hasta 1950. Entre los  objetos en exposición se encuentran trajes, relojes y otras pertenencias de Manuel Belgrano, el sable y otros instrumentos militares del general San Martín,  como así también el mobiliario de su dormitorio al momento de morir. La bandera de la batalla de Ayohuma,  oleos de Prilidiano Pueyrrerón, muebles del Virrey Sobremonte,  el uniforme del General Güemes y el catalejo del general inglés Carr Beresford durante las Invasiones Inglesas.

En suma. En materia de creación artística el parque ha estado siempre en el primer plano. Es parte del legado de Lezama. Por alguna razón especial que no se puede definir, también ha sido lugar de preferencia de pintores, escultores y escritores. Muchos han dejado testimonio y otros solo menciones en sus biografías. Cada una de estos objetos encierra una historia particular, dentro de esa gran historia que la antigua finca de los Lezama hoy Parque Lezama.

Fotos: © sarmiento-cms

Galería de imágenes en Flickr.


Pueden amplia la información en Wikipedia  y el Arcón de Buenos Aires                    



martes, 24 de abril de 2018

PARQUE LEZAMA: UNA HISTORIA DENTRO DE OTRA HISTORIA (2º Nota)


En la primera nota se abordó el sentido histórico del espacio, lugar fundacional de la ciudad. Pero es con Gregorio Lezama que el predio alcanza su actual valoración. La colección botánica y artística, junto al diseño paisajístico del lugar, convirtieron a la finca del hacendado salteño en punto de  referencia de la ciudad. En 1899 muere Lezama y cinco años después su finca se convierte en el segundo parque público de Buenos Aires, con una extensión de 76.500 metros cuadrados. Fue mejorado su diseño por Carlos Thays, en la década de 1920. Pero a partir de 1950 se inicia una decadencia en donde perdió gran parte de sus especies vegetales y patrimonio escultórico.  Hoy presenta un aspecto aceptable. 

https://flic.kr/s/aHsmhWGz1w

En estos días el parque es casi una institución. Todos piensan que existió desde siempre y no conciben la ciudad sin él. Pero los hechos pasados muestran lo contrario. Gregorio Lezama se peleó con todos los intendentes de Buenos Aires. Querían confiscar parte de sus terrenos para abrir una calle que comunicara los Altos de San Pedro (actual Plaza Dorrego) donde se encontraba la Iglesia de San Pedro Telmo, con el puerto de entonces ubicado en La Boca del Riachuelo. Lezama logró imponerse a todos esos intentos en virtud de su fortuna personal, su nivel de influencia y un largo trabajo de debates y acuerdos en el Consejo Deliberante de la ciudad. A su viuda, Ángela Álzaga, no le sería nada fácil conseguir que la Municipalidad se hiciera cargo del predio para mantenerlo como parque público. Se supone (porque nunca lo expresó por escrito) que Lezama quería formar una colección botánica para luego donarla. Pero la tarea no fue sencilla.

Para tener una idea aproximada de lo que era el lugar en ese tiempo, conviene repasar estos recortes:
  • El diario El Nacional del 22 de mayo de 1886 dice respecto del parque: “(…) es la desesperación de cuantos se dedican al cultivo de flores entre nosotros, por ser tarea punto menos que imposible llegar a tener un vergel parecido.”
  •  El historiador González Garaño, en la obra “Museo Histórico Nacional. Su creación y desenvolvimiento 1889-1943”, páginas 25 y subsiguientes, dice:
“Lezama, gran aficionado a la floricultura, formó allí un jardín magnífico. Adquirió en las distintas latitudes de la tierra, ejemplares elegidos de plantas y árboles. Fueron famosas sus camelias, cuya diversas variedades cubrían los canteros, bordeados de arrayanes. Senderos angostos y sombreados cruzaban el parque, adornados de trecho a trecho con estatuas y vasos de mármol, de factura de italiana Fue un incomprensible error el destruir el carácter de ese jardín, modelo de la quinta porteña del promediar del siglo XIX”.
(Los vasos de mármol a que se refiere, son los copones que hoy vemos en el paseo de las palmeras, en el centro del parque).  
  • El presbítero Manuel Juan Sanguinetti, en su obra “Sal Telmo, su pasado histórico”, página 187, dice: “En las primeras décadas del siglo era un paseo familiar obligado, por sus ricas especies vegetales y arbóreas, su estatuaria y decoración, llegando a contar con un restaurante (El Ponisio) sobre la barranca sur (…) y un pequeño tren que recorría el parque a fines del siglo XIX y principios del XX”.
El 23 de julio de 1889 muere José Gregorio de Lezama y Quiñones, más conocido como Gregorio Lezama y menos conocido (salvo el círculo íntimo) como Goyo Lezama. Había nacido en Salta en 1802, en el seno de una familia de hacendados y empresarios que supieron formar parte del reducido grupo de hidalgos coloniales. En Buenos Aires incrementó notablemente su fortuna, invirtiendo en campos de la provincia de Buenos Aires (gran parte del actual Partido de Lezama era de su propiedad) y estableció un fuerte entramado de relaciones con el poder político. Al año siguiente, su viuda, Ángela Álzaga, inicia las negociaciones para la venta a precio cuasi simbólica del predio al gobierno de la ciudad que finalizarían tres años después. En concreto vendió por 1.500.000.- pesos moneda nacional las ciento dos mil varas cuadradas (76.500 metros cuadrados aproximadamente) con sus plantaciones, jardines, esculturas y monumentos que se encontraban en la quinta. La vendedora se permitió una exigencia dada el bajo precio: que fuera destinado a paseo público, que dicho paseo llevara el nombre de Lezama y que se le permitiera el usufructo de la casona por dos años.


https://flic.kr/s/aHsmhWGz1w

La casa-quinta y parque de los Lezama fue el segundo parque público de la ciudad. Así se estableció en la resolución del Consejo Deliberante del 27 de mayo de 1894. Habían pasado casi 5 años de la muerte de Gregorio Lezama. En 1874 se formalizó el primer  parque de Buenos Aires. Es el Parque Tres de Febrero (por la fecha de la batalla de Caseros en 1852) que todos conocen como los bosques de Palermo. Las propiedades del vencido Juan Manuel de Rosas fueron transformadas por Sarmiento en parque público. Y el modelo botánico y paisajístico que se implementó, fue el utilizado por Lezama en su propiedad, de la que Sarmiento era admirador. Y el tercer parque es la Plaza Colón, detrás de la Casa Rosada (donde funcionaba la Aduana Taylor) que hoy ha sido expropiado por la Presidencia de la Nación.

En los fundamentos expuestos en las actas de la Comisión de Obras Pública del Consejo Deliberante (presidido por el arquitecto Juan Buschiazzo, de gran importancia y gravitación en la Buenos Aires moderna) dice cosas tales como:

“(…) es de verdadera utilidad pública favorecer a la parte sur del municipio con un parque espacioso que compense los inconvenientes de los barrios malsanos de la Boca y del puerto, ofreciendo un acceso fácil y cómodo a la población de ese distrito, que por su distancia al Parque 3 de Febrero (actuales Bosques de Palermo) no puede participar de los beneficios que reciben los habitantes de la zona norte (…)”

También se destacaba la importancia ecológica del lugar, al funcionar como un área verde en “lo que es hoy uno de los pulmones del barrio más poblado y descuidado de la ciudad”. En la actualidad eso sigue siendo igual. San Telmo y La Boca son los barrios de mayor densidad de la ciudad, los más chicos por extensión y los más abandonados.

Lo que tampoco ha cambiado es la percepción de la población sobre la actual Avenida Caseros, en esa época Patagones, a la que se mencionaba como la “Alvear del Sur”, para homologarla en diseño y exclusividad habitacional. A fines del siglo XIX la decisión sobre el parque tuvo un enorme impacto. Se revalorizó la zona y dio comienzo a un período de gran expansión. Particularmente en el tramo de la avenido que va desde el parque (calle Defensa) hasta la Avenida Montes de Oca, y su intersección con la estación ferroviaria de Constitución,  principal centro de conexión con el sur del país y particularmente la provincia de Buenos Aires. En 1897 se instaló en la antigua casona familiar el Museo Histórico Nacional, creado en mayo de 1889, un mes antes de la muerte de Lezama.

https://flic.kr/s/aHsmhWGz1w

En 1863, la zona tuvo una instancia de despegue que no prosperó. Ese año se inauguró el ferrocarril del Sud que recorría el bajo, por la actual avenida Paseo Colón, desde la Estación Venezuela, hasta Casa Amarilla en La Boca. Suponía un importante adelanto tecnológico y de transporte que bordeaba la parte sur de la finca. Pero en 1870 y 1871 se produjeron las dos últimas epidemias de fiebre amarilla en Buenos Aires, que afectaron particularmente a la zona de San Telmo y La Boca. Las familias patricias, que estaban instaladas desde los tiempos de la colonia, emigraron hacia el norte. Las casas fueron abandonadas en su mayoría y la casa de los Lezama se convirtió en lazareto.

En 1914 se construyó el anfiteatro sobre la calle Brasil, entre Balcarce y Paseo Colón, con capacidad para unas 7.000 personas. Y en 1923, el intendente Carlos Noel, presentó el programa de “Embellecimiento del Barrio Sur. El barrio tradicional”, en donde se proponían crear un Museo al aire libre de Arquitectura y Escultura comparadas, Se proponía instalar en la zona cercana al parque la Facultad de Filosofía y Letras y el Conservatorio Nacional de Música. Las obras no se llevaron a cabo porque quedaron empantanadas en la crisis económica mundial de 1929.

En 1931, el intendente José Guerrico removió la reja perimetral con el muro que circundaba todo el solar. Fue el comienzo de la destrucción paulatina del parque original de Lezama y de la arquitectura paisajística elaborada por Carlos Thays en la década del ’20. Fue la decisión más graves y más triste de la historia del parque. Prueba de ello es el inventario de 1986 realizado por la Dirección de Paseos del municipio. Ahí se consigna que el predio tiene 674 ejemplares de 63 especies. Esa cantidad de variedades equivalían a la cuarta parte de las que tuvo el parque en su mayor esplendor. Época que abarca la propiedad de Lezama, la gestión de Carlos Thays hasta fines de la década de 1940.

El parque hoy ofrece una vista mejorada y de mantenimiento aceptable, luego de años de abandono entre los años 1992 y 2014. Es el fruto de 12 años de litigios judiciales de los vecinos (mediante acción de amparo presentado en 2001) contra el gobierno municipal, que incluyó además un embargo al sueldo del Jefe de Gobierno entre los años 2006 y 2014.

En la próxima y última nota, se hará un repaso por el patrimonio artístico existente y perdido. También se hará un recorrido por la gran cantidad de obras literarias y artísticas en general que se originaron en este parque.

Las fotos son de  ©sarmiento-cms

Galería de imágenes en Flickr 

*
Se puede consultar
·        Parque Lezama en Wikipedia